
El día de ayer, 12 de diciembre 2011, a las 17.30 horas en la Basílica vaticana, el Santo Padre Benedicto XVI presidió la celebración eucarística de la solemnidad de la Santísima Virgen de Guadalupe y el Bicentenario de la independencia de América Latina y el Caribe.
Concelebraron con el Santo Padre, el cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado, el cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, el cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo de la Ciudad de México y el cardenal Raymundo Damasceno Assis, arzobispo de Aparecida. Cabe señalar que en esta Misa participaron también el Arzobispo de Puebla, Mons. Víctor Sánchez Espinosa, y sus Obispos Auxilliares, Mons. Dagoberto Sosa Arriaga y Mons. Eugenio Lira Rugarcía.
En esta celebración Eucarística, el Santo Padre confirmó durante su homilía que visitará México y Cuba antes de la Pascua de 2012. Al anunciar su viaje a América Latina, el Papa dijo: Cuando la Iglesia se preparaba para recordar el quinto centenario de la plantatio de la Cruz de Cristo en la buena tierra del continente americano, el beato Juan Pablo II formuló en su suelo, por primera vez, el programa de una evangelización nueva «en su ardor, en sus métodos, en su expresión».
Desde mi responsabilidad de confirmar en la fe, también yo deseo animar el afán apostólico que actualmente impulsa y pretende la «misión continental» promovida en Aparecida, para que «la fe cristiana arraigue más profundamente en el corazón de las personas y los pueblos latinoamericanos como acontecimiento fundante y encuentro vivificante con Cristo».
Así se multiplicarán los auténticos discípulos y misioneros del Señor y se renovará la vocación de Latinoamérica y el Caribe a la esperanza. Que la luz de Dios brille, pues, cada vez más en la faz de cada uno de los hijos de esa amada tierra y que su gracia redentora oriente sus decisiones, para que continúen avanzando sin desfallecer en la construcción de una sociedad cimentada en el desarrollo del bien, el triunfo del amor y la difusión de la justicia.
Con estos vivos deseos, y sostenido por el auxilio de la providencia divina, tengo la intención de emprender un Viaje apostólico antes de la santa Pascua a México y Cuba, para proclamar allí la Palabra de Cristo y se afiance la convicción de que éste es un tiempo precioso para evangelizar con una fe recia, una esperanza viva y una caridad ardiente.








