En ocasión de los cien años del nacimiento del narrador Francisco Tario, el Conaculta, a través de la Coordinación Nacional de Literatura del INBA, rindió un homenaje al autor, considerado como pilar de la literatura fantástica en México, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.
Participaron en el reconocimiento Rosenda Bernal, amiga del escritor, así como el escritor Geney Beltrán y el periodista Alejandro Toledo. También asistió Julio Peláez, hijo del homenajeado.
En su intervención, Beltrán realizó una profusa reflexión sobre la obra literaria de Tario, cuyo nombre verdadero fue Francisco Peláez (1911-1977), quien nació en la Ciudad de México y murió en Madrid, España.
Señaló que en la obra literaria de Tario, la ciudad y una visión fantástica, son los elementos que la definen, por lo que cada texto evoca paisajes conocidos, donde ocurren cosas extraordinarias.
El también editor apuntó que un factor que influyó en la escasa difusión que sufrió la obra de este autor fue la temática de tipo fantástico que aborda y que se distanció de los temas imperantes en la literatura mexicana durante la etapa posterior a la revolución.
“En concreto, estamos ante un autor que no tiene interés por hablar sobre política o problemas sociales, sino que explora la veta relacionada con la narrativa fantástica, pero que, sin embargo, siempre hubo un grupo de lectores devotos que lo han estado recuperando, como fue el caso de Alejandro Toledo, Mario González Suárez y Alberto Chimal”.
Explicó que Tario propuso una mirada macabra, vitriólica y muy crítica de las convenciones sociales, que invita a conocer, leer y valorar íntegramente sus cuentos, a fin de superar los prejuicios que han rondado su literatura y figura por varias décadas.
Bajo el seudónimo de Francisco Tario, Francisco Peláez Vega fue un cuentista lúcido y audaz, alejado de los círculos literarios, en los que su obra no fue ni leída ni valorada lo suficiente, pero que en la actualidad es considerada de gran estatura.
Tario nació en la Ciudad de México en 1911, fue colaborador en diversas revistas y publicó los libros de cuentos La noche (1943), La puerta en el muro (1946), Yo de amores qué sabía (1950) y Breve diario de un amor perdido (1951), entre otros.
Es considerado como un autor «marginal» por no haber formado parte de ninguna corriente literaria ni haberse integrado a grupo literario alguno, y por haber estado desconocido durante muchos años.
Cultivó el cuento, la novela y el teatro. A menudo es comparado con Rulfo por el mundo personal que inventó para sus escritos, y por las características de sus personajes, los cuales, tienen su propia originalidad.
Sus temas abarcan la limitación sensorial del hombre para percibir la vastedad del mundo que lo rodea, pero sin perder de vista el sentido del humor, lo insólito y lo extravagante, que lo alejan del tradicionalismo de otros autores, razón por la que es considerado precursor dentro de la narrativa fantástica mexicana.
Individuo de intereses diversos (fue portero de futbol semi profesional, astrónomo y pianista), publicó la novelas Aquí abajo (1943) y el libro de cuentos La noche del féretro y otros cuentos de la noche (1943), Tapioca Inn: Mansión para fantasmas (1952) y Una violeta de más (1968).
De forma póstuma fueron editadas su novela Jardín secreto (1993) y la pieza teatral El caballo asesinado (1988). Su obra cuentística completa fue publicada en el libro Francisco Tario, cuentos completos. La noche del perro (2 volúmenes, 2002).









