Aparecen sensaciones insólitas al constatar la programación de esta Mostra. Existen las expectativas con causa, la ilusión ante las últimas obras de directores con talento contrastado y que muchas veces te han hecho feliz. La sorpresa es absoluta ya que este festival se había convertido durante los años en que lo ha dirigido el siniestro Marco Müller en el refugio de las autorías más patéticas, en la acumulación de un cine mayoritaria y comprensiblemente inestrenable. En las hamletianas dudas sobre su continuidad de responsable de la Mostra, imagino que ha pretendido dejar un recuerdo grato de la última edición que dirigió. Si así fuera, eso tampoco le eximiría de su culpabilidad en haber provocado impunemente durante su mandato el abusivo esplendor de ese gesto tan indeseable llamado bostezo.
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