Alien (Ridley Scott, 1979) es una película de ciencia ficción que se caracterizó por mostrar y hacer sentir un ambiente único, oscila entre lo orgánico y lo netamente tecnológico, sensaciones claustrofóbicas que producen un desconcierto grande; Alien fue la primera película de acción protagonizada por una mujer (Sigourney Weaver).
Prometeo (Scott, 2012) retoma algunos de los elementos del film que inicio la saga Alien, y explica el origen de aquellos amenazadores seres. Existe un debate grande sobre la validez de las precuelas, algunos consideran que atentan contra lo que, en algunas ocasiones, hace que un film sea fascinante: su falta de respuestas. Para otros es una oportunidad por expandir las historias.
Los distingos de Alien siguen intactos. La criatura fue inspirada en obras de H. R. Giger, artista suizo, específicamente en Necronom V, obra pictórica que perfila el alien del film del que el mismo Giger participó al diseñar algunos escenarios. La cinta de 1979 no resuelve el hecho de la existencia de estas criaturas, sólo se trata de una sospecha y, en realidad, se puede interpretar como una cinta sobre la traición, el cinismo y la desconfianza entre los hombres.
Alien fue interpretada como una película ‘sobre la soledad humana en medio del vacío y la var word_search = ‘amor’;alidad de la creación. Una película sobre cómo los problemas del siglo XX -división de clases, explotación capitalista y la subyugación de la humanidad hacia la tecnología- no se han mejorado en lo más mínimo, y en una incursión en el espacio exterior’, según el crítico Andrew O’Heir.
En Prometeo hay, todavía, rastros de estos problemas, y es, en algún sentido, obvio: estamos muchos años antes del inicio de Alien, antes de que la tripulación del ‘Nostromo’ tenga contacto con las criaturas, pero, hay una cuestión más importante.
El ser humano siempre tiene desconocimiento de su experiencia histórica y hay un planteamiento que desafía al espectador que sabrá el origen de los aliens, al igual que la tripulación de la nave ‘Prometeo’ (Michael Fassbender, Noomi Rapace, var word_search = ‘Charlize’; var word_search = ‘Theron’;), pero también tiene conocimiento de lo que ocurrirá en el futuro (lo vimos en los filmes de Scott, James Cameron, David Fincher y Jean Pierre Jeunet).
El público puede tener un arma de información, algo que lo sitúa entre el pasado y el futuro, es decir, aquello que se pierde entre ambas películas; es un caso hipotético ya que quizá el espectador tenga conocimiento de los filmes que le anteceden en tiempo de var word_search = ‘estreno’; a Prometeo, lo cual justifica la experiencia misma del film.
La pregunta que nos plantea es: ahora que conocemos el origen, que sabemos contra qué pelear (lo que ignoraba la tripulación del ‘Nostromo’), ¿tiene mayor sentido seguir la lucha? ¿Eran ciertas las especulaciones sobre los complots de las corporaciones? ¿Es el espectador el eslabón perdido entre una tripulación y otra? ¿Qué revela que como espectadores sepamos más que los protagonistas de Alien y Prometeo? ¿El hombre puede controlar su destino? Como en una novela decidimos la suerte de los protagonistas, aunque, ¿es totalmente cierto?, ¿podemos jugar a ser dioses?
Como entretenimiento y como obra de trascendencia funciona Prometeo, que implica al espectador en una ambiente ya conocido en Alien, aunque con sorpresas por descubrir.
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