La Iglesia, para comenzar el año litúrgico, celebra la llegada de Cristo al mundo con una gran fiesta a la cual llamamos Navidad. Esta fiesta es tan importante que la Iglesia, antes de celebrarla, prepara a sus hijos durante este período conocido como Adviento. Ya desde tiempos remotos la Iglesia acostumbra tener esta preparación.
La palabra Adviento significa «llegada» y claramente indica el espíritu de vigilia y preparación que los cristianos deben vivir. Durante este tiempo renovamos el deseo de recibir a Cristo por medio de la oración, el sacrificio, la generosidad y la caridad con los que nos rodean; es decir, renovarnos procurando ser mejores en nuestra vida para recibir a Jesús.
LA CORONA DE ADVIENTO
La corona de adviento se hace con follaje verde sobre el que se insertan cuatro velas. El primer domingo de adviento encendemos la primera vela y cada domingo de adviento encendemos una vela más hasta llegar a la Navidad. Mientras se encienden las velas se hace una oración, utilizando algún pasaje de la Biblia y se entonan cantos. Esto lo hacemos en las misas de adviento y también es recomendable hacerlo en familia. La corona de adviento encuentra sus raíces en las costumbres pre cristianas de los germanos (Alemania). Durante el frío y la oscuridad de diciembre, elaboraban coronas de ramas verdes y encendían fuego como señal de esperanza en la venida de la primavera. Hoy vemos que los cristianos supieron apreciar la enseñanza de Jesús: “Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.” (Juan 8,12). La luz que prendemos en la oscuridad del invierno nos recuerda a Cristo que vence la oscuridad del pecado y del demonio. No olvidemos que nosotros, unidos a Jesús, también somos luz: “Ustedes son la luz del mundo” (Mateo 5,14). Nosotros, por el bautismo, estamos llamados a ser profetas y anunciar el reino de Dios. Es así que nosotros, en Cristo, somos luz.
El día de ayer fue el 1er domingo de adviento y el sr. Arzobispo de Puebla S. E. Mons. Víctor Sánchez Espinosa ha encendido la primera vela de este tiempo litúrgico que es color morado que simboliza la esperanza que los cristianos comparten en la venida del Salvador, representa también la reflexión y preparación para la Navidad. Además, invita a la preparación interior y a meditar sobre nuestras acciones a lo largo del año.









