
María Elena Ramos Cassellis, investigadora de la Facultad de Ingeniería Química de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla aprovecha los residuos industriales de frutas como la naranja, piña, guayaba y manzana para elaborar diferentes productos con importantes beneficios.
Las industrias dedicadas a elaborar néctares, jugos y mermeladas únicamente utilizan la pulpa y desechan el 50 por ciento del fruto, por lo que su investigación se caracteriza en aprovechar el resto de la fruta, especialmente la cáscara.
Con este tipo de residuos agroindustriales se elaboraron fibras y con ellas barras energéticas, bebidas lácteas y galletas. Dichos productos tienen altos contenidos en antioxidantes; compuestos polifenólicos los cuales han sido ampliamente estudiados por su efecto contra enfermedades crónico degenerativas; ayudan a mantener un estándar de glucosa en sangre y tienen otros suplementos nutricionales.
«En la industria alimentaria se desarrollan nuevos productos que aparte de proveer el antojo o la parte de fibra, aportan compuestos funcionales, fitoquímicos, que en realidad se desperdician porque una proporción importante de los nutrientes se encuentran en la cáscara. Así se utiliza esta parte para fabricar productos e incrementar el valor agregado», destacó la académica.
Barras energéticas
Por el momento, tres alumnas de la carrera de Ingeniería en Alimentos de esta unidad académica emplean los residuos fibrosos de las sidreras para transformarlos en harinas, mismas que usan para hornear barras energéticas. En comparación con las barras comerciales de trigo que captan iones y provocan desnutrición en niños, los productos elaborados a partir de las frutas no captan iones, lo que permite que el organismo obtenga todos los nutrientes esenciales. Además tienen compuestos antioxidantes, mismos que están presentes en las cáscaras.
Cecilia Juárez Hernández dijo que para obtener la harina, primero se realiza un tratamiento para reducir la carga microbiana, por lo que el residuo se lava con agua potable y desinfecta con agua clorada; pasa a un escaldado a 60 grados centígrados por cinco minutos, se quita el exceso de agua y se seca, evitando así la proliferación de microorganismos. Después se muele y tamiza para tener el tamaño de partícula deseada.
Luego se realiza un análisis químico y nutricional de la harina, para estudiar sus propiedades funcionales como absorción de agua y aceite, capacidad de hinchamiento y cambio iónico, expuso Alicia Cóyotl Lozada. Posteriormente, continuó Norma Lizbeth Rojas Vargas, al verificar sus propiedades nutricionales se hornea con la harina una barra energética, la cual tiene importantes beneficios por su alto contenido en fibra al prevenir enfermedades cardiovasculares, obesidad y mejorar la digestión.
Con respecto a las bebidas, abundó Ramos Cassellis, se desarrolló una bebida láctea funcional no fermentada tipo light adicionada con fibra de cáscara de piña con aporte de sales minerales schüssler (que ayudan al mejor funcionamiento en los procesos digestivos por sus aportes de fluoruro de calcio, oxido de silicio y sulfato de sodio) y endulzada con stevia (planta utilizada como edulcorante).
Producción de biocombustibles
Reutilizar los residuos agroindustriales, no sólo es emplear los desperdicios de las industrias de alimentos, sino también de aquellos generados en los mercados y de otros procesos. Para ello, Liliana Ortiz Moreno, estudiante de Maestría de la Facultad de Ingeniería Química, investiga cómo producir bioetanol con tecnología limpia por medio de los desechos de la semilla de ricino, la cual se usa para producir biodiesel, proceso donde al prensarla se desecha cerca del 70 por ciento.
En esta investigación, primero se lleva a cabo un pretratamiento de los residuos lignocelulósicos. «Se optó por un proceso biológico para reducir contaminación, sin utilizar ácidos y bases fuertes, evitando lavados, enjuagues y recuperación de estos químicos», detalló.
Se utilizó el hongo Pleurotus djamor, el cual se caracteriza por degradar la lignina y hemicelulosa, presentes en las paredes celulares de las plantas. Este hongo se trabaja en cepas, a nivel microscópico, mismo que se aplica al residuo lignocelulósico. Después se obtienen extractos enzimáticos que degradarán la lignina, la celulosa y hemicelulosa para transformarlo en glucosa. Finalmente se pasa a la hidrólisis y se obtienen enzimas, las cuales igualmente son muy cotizadas en la industria química, farmacéutica y de alimentos.
Bajo esta misma línea de aprovechar los residuos orgánicos, Luis Alberto Juárez Moran, estudiante de doctorado en Física en la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas, investiga la obtención de biodiesel a partir del aceite de remanentes de tres tipos de aguacate mexicano: criollo, hass y fuerte. Por el momento, el estudiante analiza cómo obtener este biocombustible a través de la pulpa, ya sea por la extracción del aceite y por centrifugación, por lo que realiza las mediciones pertinentes y la comparación de aceites.
«Esto que estamos proponiendo es muy bueno, porque es el reaprovechamiento y el valor agregado de algo que ya no tenía valor, un residuo que afectaba fuertemente al ambiente. Lo bueno del aprovechamiento de los residuos agroindustriales es que no generen otros residuos, sino que sean utilizados con tecnología limpia», enfatizó la doctora Ramos Cassellis.









