La ciudad en mi caso, es un asunto poético, como lugar que provoca azoro, fascinación, soledad y un aislamiento aumentado por la tecnología, expresó la poeta Claudia Hernández De Valle-Arizpe en entrevista con motivo de la publicación de su libro México-Pekín, editado por la Dirección general de Publicaciones del Conaculta.
La poeta mexicana, ganadora del Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta por su libro Deshielo, y del Premio Iberoamericano de Poesía Jaime Sabines por la obra publicada Perros muy azules, ahondó en los motivos que la llevaron a escribir sobre dos ciudades que de entrada parecieran tan distantes como sus geografías. Durante su estancia en el país oriental fue descubriendo cuántos parecidos tenemos con esa cultura: los mercados, el ruido, el gusto por la comida, las dimensiones… enumera y al mismo tiempo su mirada va de vuelta a aquellos espacios, se pierde en ella misma recordando mientras habla.
Escribí México-Pekín cuatro años después de haber regresado y es el resultado de una rebeldía poética contra las diferencias y para entender la igualdad entre las dos ciudades, refirió la autora.
La escritura –afirmó la poeta– es disciplina y oficio, en mi caso saber lo que voy a contar es lo que la dispara. Estructurar no resulta un impedimento para crear, al contrario, me permite ser libre. No es una camisa de fuerza. El poeta trabaja igual que el novelista: parte de una estructura previa. No creo en la inspiración, sino en el oficio. Y el oficio del poeta es igual a cualquier otro.
Son dos los ejes que mueven su escritura –describió– lo urbano por un lado y escribir sobre los otros, sobre lo que está más allá de mí; rehúyo a la poesía intimista. De ahí la obsesión con las ventanas que permiten mirar hacia afuera y al mismo tiempo dejan al ojo extraño la posibilidad de asomarse hacia otros interiores. Otra recurrencia son los perros como imagen de lo violento o de la compañía muda.
«El migrante» y «La extranjera y el Migrante» son las partes que más me gustan del libro, porque ahí logré transmitir ese tamaño pequeñito del trabajador que no es nadie, perdido, explotado. Y fundirlos en los ojos del ciervo en esa otredad, expuso la poeta.
«Feng» es un personaje logrado, ese logro consiste en que el alma sea perceptible. Es un personaje triste, pero real. Rebasado por la realidad de la que no va a salir, agregó la autora de Deshielo.
Para Claudia Hernández De Valle-Arizpe, la belleza es tan relativa como cualquier otro asunto. Lo importante es la mesura, la humildad que da la relativización. «Para mí es más bella Gong Li que Marilyn Monroe. Lo relativo ha simplificado el concepto».
De la misma forma –indicó– no podría rescatar ningún verso en específico para la eternidad, porque continuamente cambia mi perspectiva, depende de con cuál me sienta identificada en el momento.
«¿La poesía cura? No tengo idea, es suficiente con que se lea. Dudo que pueda tomarse como medicina. A mí me transforma diariamente, cambia mis perspectivas. Resulta reveladora, ahí radica su enorme poder, en su dimensión reveladora.»
Desde su mirada de poeta, el espíritu de esta época está marcado por el consumo de todo, por la sobre abundancia y el deshecho. Pero tal vez lo que más deplora es la enorme frivolidad y la gran vulgaridad que señalan nuestros días, una vulgaridad que, afirma, no va a cambiar.









