
A 48 AÑOS DEL ASESINATO DE KENNEDY .

EL ASESINATO DE KENNEDY
ENTREVISTA DEL PERIODISTA Y ESCRITOR
THOMAS G. BUCHANAN AL FISCAL JIM GARRISON
El asesinato de John F. Kennedy en Dallas fue el primer golpe militar de la historia de los Estados Unidos. Entre los responsables figuraban jefes del Estado Mayor Conjunto.
Esta grave acusación fue formulada por el fiscal general de Nueva Orleans, Jim Garrison, durante la entrevista que éste concedió en exclusiva a este periodista.
Fue un verdadero problema el conseguir la entrevista. La policía federal vigila el despacho del fiscal y las casas de sus subalternos. La correspondencia es interceptada con harta frecuencia. Cuando terminó el juicio de Clay Shaw escribí a Jim Garrison desde Francia solicitando una entrevista. Me contestó» Responderé con sumo gusto a sus preguntas por haber sido usted el primero en ver la falsedad de la versión que el gobierno dio sobre el asesinato del presidente Kennedy». La carta de Garrison había tardado cuatro días en llegarme. El día 22 de abril le escribí de nuevo por correo aéreo certificado y la carta me fue devuelta dos meses después con la indicación «extraviada». De nuevo escribí a Garrison el 24 de mayo y de nuevo me fue devuelta la carta. Entonces recibí una comunicación oficial con la firma del fiscal en la que se me decía textualmente: «Una serie de asuntos urgentes me impiden concederle por el momento, la entrevista que usted ha solicitado». Se había cerrado el «dossier» cuando recibí otra comunicación de Garrison en la que se decía: «Si llegan a sus manos cartas con mi membrete particular comunicándole que no tengo tiempo para conceder entrevistas, no haga ningún caso».
Conseguí, al fin, la entrevista por vía indirecta. El lector podrá sacar las conclusiones que quiera de la investigación del fiscal Garrison; sin embargo, una cosa es cierta: alguien ha intentado impedir por todos los medios que apareciese en la prensa americana lo que sigue.
BUCHANAN: Señor Garrison, usted ha tenido la amabilidad de concederme la primera entrevista a un reportero desde el fallo del tribunal que juzgó el caso de Clay Shaw. ¿Puede explicarme por qué se ha decidido ahora a hacer una declaración pública?
GARRISON: No me ha sido posible durante mucho tiempo hacer declaración publica alguna a la prensa nacional norteamericana sin el temor de verla tergiversada o mal interpretada. La suya fue la primera petición que se me hizo desde Europa después del juicio de Clay Shaw; por eso acepté. Quería ver si era posible publicar, en algún lugar del mundo, toda la verdad sobre el asesinato. Los europeos han tenido experiencia del fenómeno que representa un estado basado en la industria armamentística, con toda una serie de represiones ocultas y manifiestas.
BUCHANAN: ¿Quién mató al presidente Kennedy?
GARRISON: El presidente Kennedy fue víctima de un golpe de Estado. La Central Intelligence Agency fue la encargada de los preparativos del asesinato y de su camuflaje, culpándose a un joven demente, de quién se dijo que había actuado aisladamente, de aquella acción. Es evidente que la CIA había dejado desde hacía tiempo de ser solamente una simple agencia coordinadora de los servicios de seguridad y se había convertido, a la vez, en un arma clandestina de los intereses armamentísticos en el gobierno estadounidense.
BUCHANAN: ¿Cuál era el objetivo político de los que conspiraron, en 1963, para asesinar al presidente de los Estados Unidos?
GARRISON: El objetivo era el de derrocar a un hombre que estaba tratando por todos los medios de terminar con la Guerra Fría, y que habría reducido con ello el poder económico y político de la industria armamentística en Estados Unidos. La Guerra Fría había representado un negocio sin precedentes para los Estado Unidos.
El complejo militar-industrial se había convertido en la fuerza más poderosa de América. Por otra parte, a partir del desastre de la Bahía de Cochinos, en Cuba, Kennedy se mostró cada vez más desilusionado con los militares. Las diferencias crecieron aun más con motivo de la crisis de Cuba, la crisis provocada por los misiles soviéticos. Kennedy se negó a hacer caso de los jefes del Estado Mayor Conjunto ( con la notable excepción del general Shoup, del cuerpo de «marines») que le aconsejaban bombardear Cuba inmediatamente.
«En el verano de 1963, el presidente Kennedy se había distanciado tanto de los militares que, al mirar ahora hacía atrás, nos damos cuanta de que o uno u otros tenían que ser necesariamente eliminados. El 1 de septiembre de 1963, haciendo caso omiso del consejo de la mayoría de los jefes del Estado Mayor Conjunto, hizo que se firmara, en Moscú, el Tratado de Proliferación Nuclear. Entonces entablo unas conversaciones de paz con Cuba. Y como remate, y esto es lo que pero sentó a los partidarios de mantener la paz mediante la violencia, el presidente inició la retirada de tropas del Vietnam. Entre el 1 de agosto de 1963 y el 1 de octubre del mismo año, redujo el contingente de consejeros militares americanos de quince mil a catorce mil. Entonces ordenó al Secretario de Defensa, Mac Namara, que dispusiese la retirada de los últimos hombres destacados en el Vietnam para 1965. Con esta medida, los Estados Unidos se quedarían sin posiciones en Asia y consecuentemente, sin uno de los mejores mercados de la industria armamentística norteamericana, así como una de las mayores razones del poder de la monstruosa combinación Pentágono-CIA en Washington. En realidad, John Kennedy estaba invirtiendo el desarrollo de la política exterior americana de los años precedentes, que había tenido como resultado el establecimiento de una Paz Americana en las vastas regiones del globo. Kennedy había iniciado un programa de reducción del poder militar norteamericano, inconcebible e inaceptable para los que se habían convertido en centro de gravedad del poder en Estados Unidos. Sus proyectos, que hubiesen ayudado extraordinariamente a terminar con la Guerra Fría, estaban en oposición directa a los intereses de la fuerza más poderosa que actualmente en América – los intereses de la industria de armamentos, que incita al gobierno a dedicar un presupuesto cada vez mayor a la defensa de la «seguridad nacional»- Fue por esto por lo que le eliminaron en una emboscada en la Dealy Plaza, de Dallas. La CIA convirtió a Lee Harvey Oswald en chivo expiatorio, animándole a que participara en diversas manifestaciones en Nueva Orleáns. El asesinato fue la cosa más sencilla del mundo y la posterior investigación federal, totalmente fraudulenta, fue seguida de una investigación, no menos falsa, a cargo de unos cuantos dignatarios progubernamentales. El objetivo real de la investigación del FBI y de la encuesta de la Comisión Warren era ocultar la participación de los agentes de la «inteligencia » americana en el asesinato de John Kennedy, aunque, en honor a la justicia, hay que decir que es muy posible que ninguno de los miembros de la Comisión Warren fuese consciente de tal objetivo.
«Es verdad que esto apenas si puede decirse de Allen Dullas, ex jefe de la CIA, quién se opuso a la publicación de los resultados de la investigación de la Comisión Warren. La prensa americana divulgó una serie de pronunciamientos oficiales fraudulentos y se infiltraron una serie de noticias, de modo que la muerte del presidente apareció como un desgraciado accidente ocurrido en el curso de un desfile. En realidad, Oswald no mató a nadie aquel día y, en realidad, no existía ninguna prueba contra él cuando fue asesinado a su vez. Pero aquello poco importaba, porque por entonces la falsa información del gobierno, transmitido a todo el mundo por medios electrónicos, había pasado a la historia. Fue en aquel instante, cuando la voz del chivo expiatorio fue acallada para siempre, que el ser acusado de asesinar al presidente y el haberlo asesinado se convirtieron en una misma cosa. En cualquier caso, la ceremonia funeral fue exactamente la misma.
BUCHANAN: ¿Tiene usted alguna razón para suponer una relación entre los asesinatos de John Kennedy , Robert Kennedy y Martín Luther King?
GARRISON: En términos de probabilidad, todos están relacionados entre si y todos han sido consentidos por la misma fuerza: la coalición militares-industria que domina Estados Unidos. Todas y cada una de esas misiones particulares fueron llevadas a cabo, o por lo menos instigadas, por la Agencia Central de Inteligencia – el oculto alter ego de nuestra democracia nominal, que, en virtud de su carácter clandestino, su filosofía totalitaria y su secreto contubernio con el alto mando militar- es libre de hacer muchas cosas que nuestras tradiciones jamás tolerarían. Cada una de las victimas fue un enemigo altamente eficaz de la guerra del Vietnam y, consecuentemente, contaba con muchos seguidores dentro de los Estado Unidos. La industria armamentística ha llevado a cabo la sistemática eliminación de los enemigos de la guerra del Vietnam, ya que consideraba a éstos como mucho más peligrosos que la conspiración comunista mundial gracias a la cual justifica su costosa existencia. La mayor parte de los americanos no han comprendido todo esto porque los medios de comunicación de masas se han negado a dar publicidad a declaraciones en tal sentido. El asesinato del senador Kennedy fue cuidadosamente calculado: Robert Kennedy tenía que ser eliminado porque era seguro que se convertiría en un nuevo John Kennedy, es decir, porque compartía el punto de vista del presidente Kennedy, según el cuál el Pentágono no debía decidir la política exterior de los Estados Unidos. Minutos después de ganar las primarias de California fue muerto por un «asesinato solitario»: así se eliminaba de la carrera hacia la presidencia a uno de los más destacados enemigos de la guerra del Vietnam. Aunque es el asesinato de Robert Kennedy se utilizó una técnica diferente de la empleada en el asesinato de John Kenndy, lo cierto es que el instigador y principal responsable fue el mismo. También en el asesinato de Robert Kennedy encontramos un factor internacional que no concuerda demasiado con el resto de la historia. Otra vez tenemos a un hombre que – por desgraciada que haya sido su adolescencia – ha viajado por diversos piases, algo que solo pueden permitirse algunos americanos. Del mismo modo que Lee Oswald había estado en Rusia y Méjico, James Earl Ray en Canadá, Portugal e Inglaterra, Shiran Shiran había viajado desde las orillas del Mediterráneo hasta Los Angeles. En el caso de Martin Luther King, la técnica empleada ofrece muchas similitudes con la utilizada en el asesinato de John Kennedy. Las semejanzas entre los asesinatos de Kenndy y King – la puntería de los tiradores, las rápidas declaraciones del gobierno, anteriores a toda investigación, en el sentido de que no se trataba de ninguna conspiración; el transparente empleo de cabezas de turco y la inmediata divulgación de datos falsos – resultan demasiado familiares. Para mí no cabe duda de que el asesinato de Martin Luther King, como el de John Kennedy, fueron obra de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos. También creo muy probable que el senador Robert Kennedy y fuese eliminado por la misma organización, aunque con una técnica ligeramente diferente. Actualmente, la Guerra Fría, incluido el conflicto del Vietnam, es un negocio de unos ochenta billones de dólares anuales para los Estados Unidos. Los hombres que se benefician de este negocio y lo que han obtenido un poder increíble como resultado de las constantes tensiones bélicas, no toleran a aquellos individuos que representan, a sus ojos, una amenaza para la continuación de los beneficios que les aporta la Guerra Fría. Como quiere que esta fuerza, aunque poderosa, no está equipada para presentarse a una tribuna pública, tiene que eliminar físicamente a todos lo que la estorben para sobrevivir. Además. Esta fuerza que actualmente controla a los Estados Unidos, cree en la violencia como solución de cualquier problema. De ahí el peligro que representa no solo para América, sino para el mundo entero.
Esta historia continuara …..









