El gobierno de Alejandro Armenta alcanzó ya, la primera cuarta parte de su periodo en el ejercicio del poder, lo hace con directrices bien definidas para intentar abatir los rezagos que se han venido acumulando por años en todo el estado.
Para el mandatario poblano, la seguridad, la justicia y la riqueza comunitaria son los ejes centrales en los que él y su equipo deben aplicar el mayor esfuerzo para entregar resultados tangibles de cara a las elecciones del 2027, un compromiso que si bien se planteó como ajeno al evento, guarda todo el sentido y la justificación.
Con más de 30 acciones de gobierno ejecutándose al mismo tiempo, la administración estatal busca proyectar una entidad con proyectos de desarrollo bien sustentado, un territorio que ofrezca certeza jurídica y que al mismo tiempo sea capaz de generar oportunidades para todos los sectores de la población.
El mensaje con motivo de los primeros 600 días de gobierno tuvo como punto central definir el rumbo y la lógica administrativa que viviremos los poblanos en los próximos 1 mil 591 días de gestión armentista.
La idea y el espíritu de este gobierno sería el de sentar las bases para que la llamada cuarta transformación pueda consolidarse como una plataforma eficiente y real de ejercicio en el poder.
La intención del poblano es catapultar un modelo de gestión pública basada en resultados sociales reales y no en coyunturas o escándalos políticos que solo han desgastado al movimiento del segundo piso y de paso, al gobierno de la presidenta Sheinbaum.
Por ello, la orden de Armenta de evitar involucrarse con la delincuencia y de apretar sin descanso las acciones contra la violencia y la inseguridad.
También por ello el respaldo incondicional a una administración federal condenada a sortear los efectos de una desastrosa herencia política y de una persecución sistemática extranjera.
El mandatario poblano tiene claro que MORENA está bajo el asedio de fuerzas políticas que van más allá de la mediocre oposición mexicana y que ello significa un serio riesgo de cara a las elecciones intermedias.
Y no es para menos la preocupación y la intención, el gobierno federal apenas cursa su segundo año en el poder y el desgaste al que ya está sometido es de proporciones mayúsculas.
El partido de la “cuarta transformación” gobierna en 23 de los 32 estados de la república mexicana, de los cuales Baja California, Sonora, Sinaloa, Zacatecas, Michoacán, Tamaulipas, Chiapas, Quintana Roo, Veracruz, Tabasco, Morelos y el Estado de México viven hundidos en graves problemas de corrupción y violencia generadas por el tráfico de drogas, huachicol y otros delitos de alto impacto.
Oaxaca y Campeche por su parte, son territorios de alta volatilidad donde la presencia de la mandataria federal significa riesgo de movilizaciones y confrontaciones como la ocurrida hace unas horas en Tamaulipas, donde una mujer de la tercera edad increpó a la presidenta mexicana por el despojo de un terreno.
Las broncas y los escándalos se multiplican por todos los frentes para el movimiento de López Obrador; el caso más reciente es el retiro de la visa norteamericana que reveló en una errática carta pública el mismo Andrés Manuel “Andy” López Beltrán hijo de la máxima figura de la cuarta transformación.
En ese delicado escenario, Puebla es un estado aliado que si bien no es un territorio dócil, tampoco es zona de alto riesgo para MORENA y para la mandataria federal.
Esa condición política y territorial es de gran utilidad para el movimiento, independientemente de que el gobernador no es un político señalado por ninguna autoridad estadounidense y eso es de gran valor.
Puebla tiene la oportunidad y la obligación no solo de recuperar el ritmo de desarrollo perdido en la última década por la cantidad de gobernadores circunstanciales que llegaron al poder.
Al estar gobernada por MORENA, Puebla también tiene la responsabilidad de entregar resultados altamente satisfactorios para la cuarta transformación, sus números los va a necesitar sin duda el partido en el poder.
Así que, para las tres cuartas partes de gobierno que faltan por vivir, Alejandro Armenta no se moverá un ápice del principio del “Humanismo Mexicano” y de la “Bioética Social” impulsadas por la presidenta Sheinbaum.










