En la entrada del museo más grande del estado más pequeño del mundo hay colocado un mosaico en forma de medallón que representa el célebre episodio del rapto en el cielo del joven Ganímedes por el águila de Zeus -o el dios mismo transformado en águila- para convertirlo en su divino copero y amante más querido. Resulta cuanto menos curioso que las colecciones de los Museos Vaticanos aparezcan hoy como un armario abierto, y si Zeus no dudó en ser lesbiana o transexual, toro o lluvia dorada para conseguir los favores de mortales y dioses, también aquí Miguel Ángel, Leonardo y Caravaggio raptan nuestra mirada entre miles de turistas y viajeros de todas las edades y razas que con sus cámaras buscan la imagen sublime, una fotografía, para después disolverse en la errabunda provisionalidad de la gran ciudad.
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¡Oh, Miguel Ángel!









