La escena final del derbi londinense disputado ayer en White Hart Lane entre el Tottenham y el Arsenal, saldado con un triunfo por 2-1 para los spurs , simboliza a la perfección el estado de convulsión por el que atraviesan los gunners . El técnico Arsène Wenger, caracterizado por un discurso refinado y exquisitas formas desde que desembarcase en Inglaterra en 1996, denegó estrechar la mano de Clive Allen, unos de los ayudantes de su homólogo Harry Redknapp, y este le reprendió con diversos aspavientos mientras el alsaciano se dirigía al túnel de vestuarios. «Estreché la mano a Harry y a su segundo. ¿A cuánta gente más debo hacerlo?», se excusaba Wenger después. «Dice que no me ha visto ni me ha oído, pero no es cierto», alegó Allen.
Tomada de:
Un modelo que se tambalea









