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Momento Diario | En el vértice de Puebla

Capitalismo Estratégico… El modelo que viene

admin by admin
julio 6, 2026
in Poder Económico | Adalberto Füguemann
Economía mundial 2026: estabilidad en el discurso, fragilidad en la realidad

«Las grandes revoluciones económicas no anuncian su llegada. Se reconocen cuando descubrimos que seguimos discutiendo el mundo de ayer mientras el de mañana ya empezó.»
A. Waterstone

La nueva economía: Cuando los políticos de izquierda dejan de ser de izquierda y los de derecha dejan de ser de derecha, ambos terminan nadando en el mismo río, el de la corrupción, la captura del Estado y el interés de grupo. Entonces pareciera que fracasan los modelos económicos, cuando en realidad fracasan quienes los administran.

El ciudadano común, ajeno a las discusiones doctrinarias, no distingue entre liberalismo, socialismo o populismo; sólo percibe que su ingreso alcanza para menos, que la inseguridad aumenta y que los grandes fraudes nacionales terminan pagándolos siempre los mismos. Ahí nacen el estancamiento económico, la indiferencia social y una polarización tan rentable para la política como costosa para el país.

Así, unos y otros recurren al recurso más antiguo de la política, culpar al adversario ideológico de todos los males. Mientras tanto -y el futbol suele ayudar a distraernos- la discusión pública se reduce a descalificar al neoliberalismo o al socialismo sin comprender realmente qué significan.

Los modelos no fracasan por sus postulados originales; lo hacen cuando quienes los aplican subordinan el interés general a la conveniencia política. En el imaginario colectivo han fracasado, entonces, la ultraderecha de Trump, que no es tal, y la izquierda dogmática de Maduro en Venezuela o de la familia Castro en Cuba. Todos buscan culpar a sus opuestos para justificar sus propios desatinos.

Los estudiosos de la economía -muy pocos con seriedad- intentan diseñar un esquema no contaminado. Durante décadas se creyó que el neoliberalismo resolvería todos los problemas. Más tarde se prometió que el populismo o el llamado humanismo socialista corregirían sus excesos. Ninguno cumplió plenamente. No porque las ideas sean intrínsecamente inviables, sino porque terminaron contaminadas por corrupción, improvisación y captura política.

El centro de la discusión dejó de ser cuál ideología debe imponerse, sino qué instituciones permiten generar prosperidad sin sacrificar libertad, productividad y cohesión social. Si el mercado dejó de ser suficiente y el Estado comprendió que tampoco puede hacerlo todo, las próximas décadas podrían estar marcadas por un nuevo paradigma, el capitalismo estratégico. No consiste en elegir entre Estado o mercado, sino en definir con inteligencia qué debe hacer cada uno para que una nación sea más productiva, más competitiva, más innovadora y más segura.

2026 marca una tendencia que podría consolidarse, el surgimiento del Capitalismo Estratégico, que no consiste en elegir entre Estado o mercado, sino en definir qué debe hacer cada uno para que un país sea más productivo, competitivo y seguro.

El siglo XX discutió quién debía controlar la riqueza. El siglo XXI, muestra una nueva tendencia económica que nace en Europa y que tendrá que definir quién será capaz de crearla sin hipotecar el futuro. El Capitalismo Estratégico orienta la economía hacia productividad, competitividad, seguridad e innovación, hoy tan ausentes en México.

Durante cuarenta años la economía respondió a las llamadas “decisiones del mercado”; hoy eso ya no es posible, pero tampoco lo es el maniqueísmo estatal totalitario, sobran ejemplos de fracasos. China entendió algo que Occidente tardó años en redescubrir, el mercado genera eficiencia, pero la estrategia nacional no puede dejarse completamente al mercado. Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, Corea del Sur e India parecen haber llegado hoy a una conclusión semejante.

La diferencia radica en cómo cada uno combina iniciativa privada, innovación y políticas públicas.

Seguridad, necesidad y clamor popular: El punto toral es la seguridad, quizá el recurso más valioso y escaso en el maremágnum de la polarización actual. Un país que quiera avanzar requiere seguridad energética -que no brindan ni PEMEX ni la CFE-; seguridad alimentaria -que no brindó SEGALMEX-; seguridad tecnológica; seguridad industrial; en fin, seguridad nacional. Sin seguridad no hay inversión. Sin inversión no hay productividad. Y sin productividad ningún modelo económico consigue sostener el bienestar.

La estrategia, eje de esta tendencia, se sostiene en seis pilares:

  • Productividad: Michael Porter sostiene que la verdadera riqueza de un país no depende de salarios bajos, sino de productividad, innovación y capacidad tecnológica. La ventaja competitiva no consiste en producir más barato, sino en producir mejor.
  • Estado Estratégico: Mariana Mazzucato propone un Estado que invierta donde el mercado no puede asumir solo el riesgo. Áreas como internet, GPS, vacunas, microchips o investigación son de su competencia. El Estado impulsa, la empresa desarrolla y la sociedad se beneficia.
  • Globalización Inteligente: Dani Rodrik anticipó que es necesaria, pero no puede construirse ignorando instituciones nacionales, democracia y cohesión social.
  • Geoeconomía: La economía es también política exterior. China no vende solo paneles solares; Estados Unidos no protege únicamente empleos; Europa no discute únicamente cambio climático. Todos hablan de autonomía estratégica mientras México sustituye estrategia con demagogia.
  • Economía Circular: Ya no basta producir, hay que reutilizar, reciclar y reducir desperdicios. La eficiencia se mide también en recursos naturales, cada vez más escasos.
  • Inteligencia Artificial: La nueva revolución industrial se centra en datos, algoritmos, semiconductores, talento y capacidad científica.

DE FONDO

Las grandes economías trabajan en esto, ninguna es populista. Lo interesante es que esta transformación ya no es una teoría académica. Está ocurriendo frente a nosotros. Estados Unidos otorga subsidios masivos a microchips, manufactura avanzada y transición energética, por eso no le interesa renovar el Tratado de Libre Comercio con México y Canadá.

La Unión Europea lidera en autonomía estratégica, reindustrialización y economía verde. Japón avanza en seguridad tecnológica y reubicación productiva. Corea del Sur mantiene disciplina en innovación, educación, tecnología y lucha contra la corrupción. India y China lideran en manufactura, digitalización, inversiones, alta tecnología e inteligencia artificial, además de controlar minerales críticos (¿alguien recuerda LITIOMEX, el supuesto nuevo petróleo mexicano?).

Este camino, tan lejano al de México, Cuba, Venezuela, Nicaragua, Colombia y Brasil, enmarca la era del Capitalismo Estratégico. Todos comparten una característica: dejaron de discutir únicamente el pasado y comenzaron a diseñar el futuro.

DE FORMA

Hace veinte años los aranceles eran casi una herejía económica; hoy vuelven como instrumentos de seguridad nacional. No cambió la economía, cambió el mundo.

Lo que no se ha entendido en México, incluso entre los negociadores -malísimos- del Acuerdo de Libre Comercio (en 2018 dejó de ser Tratado), es que la nueva concepción económica requiere certeza jurídica, infraestructura, seguridad y educación. Los resultados matan a los discursos.

El siglo XX discutió quién debía controlar la riqueza. El XXI presenta una tendencia más importante, desarrollar la capacidad de de crearla de manera sostenible, protegerla de la corrupción y convertirla en bienestar para la sociedad. Porque las ideologías ganan elecciones; la productividad, las instituciones y la innovación son las que construyen naciones.

DEFORME

Nos dicen que no importa que no se negocie la ampliación del Tratado de Libre Comercio, que el actual seguirá igual por diez años, con revisiones anuales. Bueno, si hay revisiones anuales, ya no seguirá igual. Habrá imposición de aranceles y se limitarán las inversiones. El peor de los mundos, pero es más importante jugar contra Inglaterra que asegurar el futuro.

Tags: Capitalismoestratégicomodeloviene
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