El escándalo alrededor de la llamada Kristi Noem, la llamada “Barbie del ICE”, no se detiene. Después de que Kristi Noem fuera removida de Seguridad Nacional, ahora también quedó fuera de juego Joseph Mazzara, uno de los nombres instalados por ella y por Corey Lewandowski dentro de la estructura de Aduanas y Protección Fronteriza.
Su salida confirmó algo que en Washington ya se comenta sin rodeos: el armado de poder de Noem dentro de DHS se está desmoronando pieza por pieza.
La señal política es devastadora. No solo cayó ella: también empiezan a barrer a los funcionarios que había colocado para mover fichas internas y presionar a la conducción del organismo. Eso deja a Noem todavía peor parada, porque ya no parece una exfuncionaria con mala suerte, sino el centro de una gestión que terminó siendo vista como torpe, personalista y tóxica.
El dato más jugoso es quién entró en lugar de Mazzara: Ron Vitiello, un veterano del aparato migratorio que ya había estado al frente de ICE de manera interina.
La ironía política es tremenda, porque Trump había retirado en 2019 su nominación formal para dirigir ICE tras considerarlo, según se reportó entonces, insuficientemente duro para el cargo. Ahora vuelve a escena justamente para limpiar parte del desastre dejado por el círculo de Noem.
Eso vuelve todo más humillante para el entorno de la exsecretaria. El hombre que reemplaza a su alfil no es un leal suyo ni una figura nueva del trumpismo duro, sino alguien que en el pasado fue públicamente descartado por el propio Trump y que ahora reaparece como solución de emergencia frente al caos interno.
La caída de Noem ya venía cargada de mugre política. En las últimas horas, además, aparecieron nuevos detalles sobre el costo de su campaña publicitaria montada como una producción personal en Mount Rushmore: casi 24.000 dólares en dinero público entre maquillaje, peinado y alquiler de caballos, dentro de una campaña muchísimo más grande y cuestionada por favoritismos y opacidad.
Ese episodio terminó de fijar una imagen demoledora: una funcionaria obsesionada con la pose, la estética y la autopromoción en medio de una crisis institucional y presupuestaria. La mezcla de spot patriótico, look de cowboy de lujo y fondos públicos fue tan grosera que incluso terminó pesando en su salida del cargo.









