miércoles 10 junio 2026
No Result
View All Result
Momento Diario | En el vértice de Puebla
  • Locales
  • Primera Plana
  • Columnas
    • Victor Manuel de la Vega
    • Erick Becerra
    • Apuntes | Rafael Velasco
    • Poder Económico | Adalberto Füguemann
    • Jaime Torroella
    • Pablo Fernández del Campo
    • Pepe Hanan
    • Porfirio Bonilla
    • Genaro López López
    • Luis Alberto González
    • Agnes Torres
    • Tuss Fernández
    • Jesús Manuel Hernández
    • Criterio
  • Municipios
    • Metrópoli
    • Sierra Norte
    • Teziutlán
    • Mixteca
  • Culturales
  • Deportes
  • Nacionales
  • Internacionales
  • Inseguridad Pública
  • Locales
  • Primera Plana
  • Columnas
    • Victor Manuel de la Vega
    • Erick Becerra
    • Apuntes | Rafael Velasco
    • Poder Económico | Adalberto Füguemann
    • Jaime Torroella
    • Pablo Fernández del Campo
    • Pepe Hanan
    • Porfirio Bonilla
    • Genaro López López
    • Luis Alberto González
    • Agnes Torres
    • Tuss Fernández
    • Jesús Manuel Hernández
    • Criterio
  • Municipios
    • Metrópoli
    • Sierra Norte
    • Teziutlán
    • Mixteca
  • Culturales
  • Deportes
  • Nacionales
  • Internacionales
  • Inseguridad Pública
No Result
View All Result
Momento Diario | En el vértice de Puebla

La violencia como impuesto invisible

admin by admin
marzo 1, 2026
in Poder Económico | Adalberto Füguemann
Economía mundial 2026: estabilidad en el discurso, fragilidad en la realidad

“La violencia organizada es el problema central del desarrollo económico.”
Douglass C. North. Premio Nobel de Economía

DATOS DUROS: El dato es brutal y no admite maquillaje estadístico: en 2023, el impacto económico de la violencia en México alcanzó 4.9 billones de pesos, equivalente a 19.8% del PIB nacional. Traducido al idioma ciudadano, casi uno de cada cinco pesos que produce el país se evapora antes de generar bienestar.

Es más de lo que el gobierno federal gasta en educación. Es mayor que el presupuesto conjunto de salud y seguridad pública. Y aun así, no aparece en algún recibo fiscal, cuenta pública o comentario mañanero.

Porque el punto económico clave nos dice que la violencia no sólo mata personas. Mata inversión, productividad y futuro. El desglose del costo es revelador, 42.5% homicidios; 36% delitos con violencia; 12.8% protección privada; el resto corresponde al sistema judicial, gasto público y otros impactos.

Es decir, no sólo pagamos por el crimen. Pagamos por defendernos del crimen, y lo pagamos doble, porque ya aportamos al Estado por esa defensa que es mandato constitucional. En economía eso tiene un nombre elegante, costo de oportunidad. En lenguaje cotidiano podemos señalar que es dinero que jamás se convierte en progreso.

¿Cómo se calcula este impacto? El Instituto para la Economía y la Paz, en su Índice Global de Paz, divide el problema en tres bloques: costos directos (homicidios, lesiones y daños materiales); costos indirectos (negocios que no abren, inversiones que no llegan y turistas que cambian destino); y costos de contención (policías, Fuerzas Armadas, cárceles y seguridad privada).

Después convierten todo a dinero y lo comparan con el PIB. Y ahí aparece el número incómodo y aterrador, 19.8% de la economía nacional dedicada, directa o indirectamente, a sobrevivir. De no tener esta desviación, México sería, con mucho, el país con mayor crecimiento en el mundo.

Veamos un ejemplo sencillo, si la violencia bajara tan solo un 10%, México ahorraría cerca de 490 mil millones de pesos. Eso equivale a miles de escuelas nuevas, infraestructura estratégica, menor déficit público o incluso -idea revolucionaria- bajar impuestos. A eso los economistas le llaman dividendo de paz. Los ciudadanos lo llamarían simplemente vivir mejor.

RESILIENCIA O RESIGNACIÓN: El verdadero problema no es la cifra. Es que la normalizamos, le apodamos -absurdamente- resiliencia. Pagamos doble cerradura, alarmas, seguros, vigilancia privada, tiempo perdido, gastos judiciales inútiles y oportunidades que nunca nacen.

México funciona como si cada ciudadano pagara un impuesto invisible por miedo. Y lo más irónico, discutimos si el crecimiento será de -0.5% o de +0.5%, cuando un quinto de la economía está secuestrado por la violencia.

Mientras México pierde casi uno de cada cinco pesos por violencia, Japón pierde aproximadamente uno de cada 40 o 50; Alemania cerca de uno de cada 30; Canadá alrededor de uno de cada 25; incluso Estados Unidos pierde apenas la tercera parte proporcional que México.

La traducción económica es brutal y preocupante, si México tuviera niveles promedio OCDE, liberaría entre 4 y 5 billones de pesos anuales. Esto equivale a dos presupuestos educativos completos; al doble de la inversión pública federal. Generaría un shock positivo

-también los hay- de crecimiento inmediato sin aprobar una sola reforma. Eso se llama brecha estructural de competitividad institucional.

La implicación macroeconómica es clara, no es sólo seguridad física, es menor inversión extranjera, mayor costo financiero país, más gasto improductivo y menor crecimiento potencial.

La violencia en México no es sólo un problema social, es el mayor impuesto oculto a la competitividad nacional. Mientras otros países invierten en innovación, México invierte en sobrevivir y, desgraciadamente, mucha gente inocente y trabajadora, no lo logra.

El país debate reformas fiscales, programas sociales y nuevas políticas industriales, pero evita hablar del elefante armado en la habitación, porque mientras la violencia siga siendo el negocio más rentable del territorio, cualquier plan económico será apenas un buen discurso con escolta.

México no necesita primero más crecimiento, necesita poder crecer sin miedo, porque ninguna economía fracasa sólo por falta de recursos; fracasa cuando el miedo se vuelve política pública no declarada. En México, la economía no sólo compite contra el mercado global; compite contra el miedo que termina en ser parte del paisaje mañanero.

DE FONDO

Douglass North, Premio Nobel de Economía, explicaba que el verdadero motor del desarrollo no es la abundancia de recursos, sino la capacidad de una sociedad para controlar la violencia mediante instituciones confiables. Dicho de otra manera, las economías prosperan cuando las reglas sustituyen al miedo. México parece haber invertido esa ecuación.

Aquí las instituciones intentan seguirle el paso y no combatir a la violencia, mientras ciudadanos y empresas reorganizan su vida económica alrededor de la protección y no de la productividad. El resultado no es sólo inseguridad; es una economía que aprende a crecer menos para sobrevivir más. Cuando la economía no logra vencer a la violencia, la política intenta vencer a la aritmética.

DE FORMA

Por si esto fuera poco, mientras el país pierde casi una quinta parte de su economía por violencia, se celebra la reducción de la jornada laboral a 40 horas como si el problema nacional fuera trabajar demasiado y no producir poco.

El detalle incómodo es otro, México es el país menos productivo de la OCDE. El trabajador mexicano formal genera alrededor de 30 dólares por hora, frente a un promedio cercano a 67 dólares en la OCDE y casi 93 dólares en Finlandia.

Dicho sin tecnicismos, un trabajador finlandés produce en 20 minutos lo que uno mexicano genera en una hora. Bueno… ahora en más de una. El problema nunca ha sido cuántas horas trabajamos, sino cuánto valor somos capaces de crear en cada una de ellas.

Pero es políticamente más rentable repartir tiempo que construir productividad. Así, mientras el mundo discute innovación, educación técnica y eficiencia institucional, México debate cómo trabajar menos dentro de una economía que ya produce menos.

Y entonces ocurre la paradoja perfecta, un país que pierde riqueza por violencia decide también reducir las horas necesarias para generarla. No es una política laboral. Es una ilusión estadística con aplausos y, desde luego, una aberración económica que no se supera con un concierto de Shakira.

DEFORME

El costo económico de la violencia y de la improductividad equivale a casi una quinta parte del PIB mexicano y explica más del estancamiento nacional que cualquier reforma pendiente. Lo más alarmante es que, como en Venezuela y como en Nicaragua, el fenómeno sigue creciendo, como la serpiente que se devora a sí misma.

*Fuente metodológica: Institute for Economics & Peace (Global Peace Index / Mexico Peace Index)

Tags: impuestoInvisibleviolencia
Previous Post

San Andrés Cholula inicia transformación digital para facilitar inversiones

Next Post

Grupo Ignite Sports, Solares y Uruñuela: ¿una verdad a medias o una mentira completa?










Facebook Twitter

© 2023 Momento Diario | Tel: Contacto 2224114014 - Sitio desarrollado por: Focal Creative Studio.

No Result
View All Result
  • Locales
  • Primera Plana
  • Columnas
    • Victor Manuel de la Vega
    • Erick Becerra
    • Apuntes | Rafael Velasco
    • Poder Económico | Adalberto Füguemann
    • Jaime Torroella
    • Pablo Fernández del Campo
    • Pepe Hanan
    • Porfirio Bonilla
    • Genaro López López
    • Luis Alberto González
    • Agnes Torres
    • Tuss Fernández
    • Jesús Manuel Hernández
    • Criterio
  • Municipios
    • Metrópoli
    • Sierra Norte
    • Teziutlán
    • Mixteca
  • Culturales
  • Deportes
  • Nacionales
  • Internacionales
  • Inseguridad Pública

© 2023 Momento Diario | Tel: Contacto 2224114014 - Sitio desarrollado por: Focal Creative Studio.