Era miércoles santo, pero el 10 de abril de 1974 pasó a la historia como la batalla de Glasgow. El Atlético, forrado de argentinos con la leyenda negra de Panadero Díaz, Ovejero y Ayala, arrancó un empate sin goles en la ida de las semifinales de la Copa de Europa ante los 73.444 espectadores que abarrotaron Celtic Park tras quedarse con ocho jugadores en la primera parte. «Quique y Panadero Díaz se fueron a la calle tras dos entradas durísimas, porque no sabían qué hacer para detener a Jimmy Johnstone, un diablo con el balón, mientras que Ayala vio dos amarillas, la segunda tras una entrada por detrás en el mediocampo. Nos sometieron a un acoso constante, en todo el segundo tiempo no pasamos del centro del campo. Fue agónico, digno de un poema épico, de La Ilíada de Homero», recuerda Gárate. Hoy (21.05, Cuatro), los dos clubes se cruzan de nuevo.
Ver el artículo:
"Nos metieron a porrazos en el vestuario"









