«¡Por Zeus!», exclamó Júpiter, que, como Rubalcaba, Javier Marías y el dios de Jardiel Poncela, era de aquel Madrid CF al que Alfonso XIII otorgara el título de Real y al que, ya con Franco y antes de Mourinho, Di Stéfano emborrachó con cinco copas consecutivas, preámbulo de cuatro más sin perder diapasón ni compostura. Erigido en el mejor equipo del mundo hasta la era del dedo en el ojo, gozaba de la protección del tripartito capitolino: Júpiter, Juno y Minerva, que, por imposición divina, Florentino reduciría a un solo dios.
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Así en el mar como en la tierra









