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Momento Diario | En el vértice de Puebla

Algo más que meditar para los fumadores

redaccion by redaccion
julio 27, 2011
in Columnas, Criterio

Como de costumbre, nuestros amigos los animales nos sirven para descubrir y estudiar diversas acciones que dañan nuestra salud; estudios experimentales en ratas mostraron que en el largo plazo, la cotinina (no nicotina) produce daños metabólicos y vasculares significativos -debido a su duración en la sangre, la cotinina es un indicador de cesación del hábito de fumar.

Siempre se ha responsabilizado a la nicotina de gran parte de los daños que provoca el tabaco sobre la salud, pero los conocimientos actuales permiten postular que esa villanía no le pertenece en carácter de exclusividad. Otras sustancias presentes en el tabaco podrían también ser las malas de esta película.

El tabaco, originario de América, pertenece a la especie botánica Nicotiana tabacum. Para los pueblos americanos precolombinos, fumar tabaco era una costumbre religiosa, medicinal y ceremonial. Los efectos estimulantes adjudicados se debían a su principal alcaloide: la nicotina. Sin embargo, aunque es éste el alcaloide predominante, en dependencia de las formas de tratamiento industrial y las modalidades de uso del tabaco, en su humo de combustión puede encontrarse una frondosa miríada de sustancias. Por cierto, la nicotina lleva ese nombre por quien fuera el embajador de Francia en Portugal, Jean Nicot.

El modo de uso habitual, como es fumar cigarrillos, cigarros o pipa, favorece la introducción en el organismo -principalmente sobre las vías respiratorias- de otras sustancias responsables de los efectos tóxicos, irritantes y cancerígenos, además de la nicotina. Tan así es, que más de 4.000 productos tóxicos fueron aislados de la hoja de tabaco, como alquitrán, benzopireno, monóxido de carbono, nitrosaminas cancerígenas, elementos metálicos y radiactivos, por sólo mencionar algunos, además -como ya fue dicho- de la nicotina.

La nicotina, a través de una de sus vías metabólicas, se transforma en cotinina. Este metabolito es más duradero en la sangre que aquélla, pero no se produce la vía metabólica inversa, es decir, que la cotinina no se transforma en nicotina.

La nicotina, luego de ser absorbida, permanece en sangre entre 1 ½  a 2 horas. Se metaboliza, principalmente en el hígado, para transformarse en un 70-80% a cotinina. Finalmente es eliminada por el riñón. La cotinina tiene una vida media más prolongada de unas 30 horas, y por esto es fuertemente sospechosa de ser la responsable de algunos efectos que hasta ahora eran atribuidos exclusivamente a la nicotina.

Entre los resultados obtenidos con la investigación, son concluyentes las alteraciones sobre el metabolismo de los hidratos de carbono, pues produce hiperglucemia; lo que convierte al hábito de fumar en un importante factor de riesgo para el desarrollo de diabetes tipo II. También, en muestras de tejido de los roedores se observó que desarrollaban un fenómeno inflamatorio en los vasos sanguíneos, denominado vasculitis.

Este conocimiento implica un adelanto al poder establecer el papel que desempeña uno de los principales metabolitos de la nicotina en las alteraciones que se le atribuyen a esta última, y plantea la necesidad de ampliar la investigación en experiencias futuras, como por ejemplo, la posible acción de la cotinina sobre la fertilidad.

A manera de información interesante, el humo de las hojas de tabaco que se inhalan en América desde hace más de 2000 años, se hizo conocido para los europeos con la llegada en 1492 de los conquistadores a los territorios de los arahuacos, en las Antillas. Hay registros de que varias etnias americanas lo utilizaban. Los mayas, por ejemplo, lo empleaban con fines religiosos y políticos, así como medicinales, ya que le atribuían propiedades sanativas contra el asma, la fiebre, las mordeduras de algunos animales, problemas digestivos y enfermedades de la piel. Empleaban el tabaco en grandes celebraciones, para sellar alianzas bélicas o suscribir acuerdos de paz. Por su parte, los aztecas, que llamaban al tabaco yetl, lo usaban como sustancia medicinal, narcótica y embriagante.

También existen datos de que lo empleaban las comunidades originarias que habitaban los territorios de la actual Venezuela. Registros históricos señalan que para mediados del siglo XVI, la comunidad ixoqui, de Canadá, fumaba tabaco. Para 1558, el cosmógrafo francés André Thevet refería que en el actual territorio de la República Federativa de Brasil se designaba al tabaco con el nombre de petún.

Ya para 1510 habían sido llevadas a España las primeras semillas de tabaco. Y a fines del siglo XVI su uso se había extendido a casi todos los rincones del mundo, dado que los marinos europeos lo habían llevado a los países orientales, al África, etcétera.

El consumo de tabaco en Europa adquirió aceptación social gracias al embajador francés en Portugal, Jean Nicot de Villemain (1530-1600). Fue él quien hizo acceder a este producto a la reina Catalina de Médici, dado que sufría de frecuentes migrañas. Catalina, esposa de Enrique II, lo consumía en forma de «rapé», polvo de tabaco que se inhala nasalmente. Así se popularizó en las cortes y la nobleza, ya que «supuestamente» había curado a la reina de sus dolencias.

En honor a Nicot, el naturalista sueco Carlos Linneo propuso en 1753 adjudicarle el nombre genérico de Nicotiana. De allí, entonces, que la planta productora de tabaco se denomine Nicotiana tabacum.

Como pueden ustedes apreciar, una costumbre que data de hace tantos años es muy difícil de erradicar, sin embargo, tengan cuidado, pues aunque de algo tenemos que morir algún día, ojalá no sea por nuestra debilidad al continuar -a pesar de todas las advertencias- exhalando humo como chacuacos.

Reciban un saludo.

Rafael García Pla

 

 

Tags: AfricaAndré ThevetBrasilFranciaJean NicotJean Nicot de VillemainPortugalVenezuela
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