
Washington.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sufrió la primera derrota legislativa de su administración, luego de que los republicanos retiraran el proyecto de ley sanitaria ante la falta de votos necesarios para aprobarla.
Estuvimos muy cerca, pero no llegamos, explicó esta tarde el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, principal impulsor de la propuesta que tuvo el rechazo total de los demócratas y de republicanos, tanto ultraconservadores como moderados.
La normativa, que tenía como propósito derogar y reemplazar la Ley de Cuidado de Salud Asequible promulgada hace siete años por el expresidente Barack Obama, debía votarse ayer, pero ante la falta de respaldo mayoritario el liderazgo republicano decidió aplazarla para este viernes.
Anoche el mandatario dijo a los miembros de su partido que tenían hasta hoy para llevar la iniciativa al pleno de la Cámara, o si no pasaría a prioridades como la reforma fiscal, otra de sus grandes promesas de campaña junto a la ley de salud.
De acuerdo con la cadena CNN, después de un día dramático en el Capitolio, Ryan corrió a decirle a Trump que no tenía los votos suficientes para dar luz verde la medida, la culminación de siete años de esfuerzos republicanos contra la legislación vigente, conocida como Obamacare.
Mientras el titular de la cámara baja presentaba el total de votos en su reunión con el jefe de Estado, le recomendó explícitamente que retirara el proyecto, según un alto funcionario del partido rojo, citado por la televisora.
La decisión fue en última instancia de Trump, quien después de las 15:00 hora local hizo la llamada para comunicárselo al resto del liderazgo de los representantes.
Ante la decisión de retirar la propuesta, medios y analistas llaman la atención sobre hechos como la incapacidad de la fuerza con mayoría en las dos cámaras del Congreso para reducir el cisma entre los conservadores y los moderados.
Los primeros criticaban la iniciativa por considerarla una versión ligera del Obamacare, mientras los segundos mostraban preocupación ante la posibilidad de que, si millones de estadounidenses quedan sin cobertura, el partido pague un precio electoral por la normativa.
Además, lo sucedido pone en tela de juicio no solo la capacidad de la formación política para elaborar una nueva ley sanitaria, sino incluso para corregir algunos de los errores que la Casa Blanca le señala a la legislación actual.








