RAÚL ESPEJEL PÉREZ
Las elecciones constituyen el basamento donde se asienta la democracia de los países que la ponen en práctica en sus sistemas de gobierno. La facultad de elegir a sus gobernantes y legisladores constituye la mejor y más eficaz herramienta política con que cuentan los electores. Además, las elecciones otorgan legitimidad y fuerza a todos los candidatos desde el momento que resultan electos. También sirven para que los ciudadanos repudien a quienes tengan mal desempeño en el cargo público para el que resultaron electos y aun así pretendan postularse para otro.
El próximo domingo 7 de junio, en todo el país, habrán de efectuarse las elecciones federales intermedias que señala el calendario electoral de 2015. El Instituto Nacional Electoral cuenta con todos los recursos humanos y materiales que intervendrán en esa jornada electoral. En las zonas de alto riesgo que existen en el país, por ejemplo Chilpancingo, Tixtla, Tlapa y Chilapa, en el estado de Guerrero, así como en Oaxaca y eventualmente en Michoacán y cualquier otra entidad federativa, los gobiernos de los tres niveles, en sus respectivos ámbitos de competencia, tendrán a su cargo la responsabilidad que los comicios se lleven en orden y en paz.
A nivel nacional, son 83 millones 563 mil 190 personas las que están registradas en el listado nominal de electores y por consiguiente, ese día, podrán acudir a depositar su voto en las casillas que les corresponda. En el estado de Puebla, podrán emitir su voto 4 millones 172 mil 331 ciudadanos. Nadie debe perder de vista que el derecho a votar se tiene que ejercer sin coacciones de ninguna índole, libremente, en forma democrática y sin mediar compromisos de ninguna naturaleza con nadie, salvo con la convicción personal de cada elector.
El voto no se vende porque no es mercancía. Tampoco se regala ni se cambalacha con candidatos compra-votos por una playera, un llavero, un bolígrafo o hasta por un tinaco o material de construcción. Ya nadie debe dejarse llevar sentimentalmente por los colores de la bandera nacional o de otros que le resulten más atractivos o llamativos. Tampoco por melodías bullangueras que atrapan fácilmente la atención de los despistados.
El voto es mucho más que todo eso. Es la mejor herramienta que tiene la sociedad para contribuir a mejorar o emporar su entorno o mantenerlo en el estado en que se encuentra, según por la calidad de los candidatos que designe. Por eso es necesario reflexionar antes de votar para no equivocarse y elegir a engañabobos. Todos los electores nos enfrentamos a la disyuntiva de votar por algún candidato, votar en blanco, anular su voto o abstenerse de votar.
En las campañas electorales, todos los candidatos, a cualquier cargo público y sin exceptuar a ninguno de ellos, se esmeraron por presentar su mejor cara. Muchos se asumieron como poseedores de los conocimientos, voluntad y posibilidades para resolver los pequeños, medianos y grandes problemas sociales. Sobraron los que dicen poseer la fórmula para crear empleos, promover incrementos salariales, lograr el crecimiento de la economía, resolver el asunto de la inseguridad pública y llevar más agua y luz a los hogares que carecen de ellas. Tampoco faltaron los que ofrecieron desaparecer la corrupción que existe en el país. Este tipo de promesas electorales, invariablemente quedan el olvido. Los candidatos triunfadores jamás regresan al lugar donde repartieron promesas a diestra y siniestra.
El colmo del cinismo y la desvergüenza política se refleja en un spot del PAN difundido en la televisión. En el extremo inferior izquierdo de la pantalla del televisor aparece un letrero que anuncia Las 3 del PAN. En la parte central de la imagen televisiva, una mujer joven dice: “Señor presidente (Peña Nieto): Usted nos prometió vivir tranquilos y con seguridad. Pero hoy me siento más insegura que nunca. Usted ha hecho muy poco, por eso, está vez no votaré por su partido (el PRI). Quiere saber por quién voy a votar: En seguida aparecen las 3 del PAN. En la primera de ellas se muestra un texto que dice “subamos los salarios” y en la segunda se promete “cárcel a los corruptos”.
A nadie parecería extraña esa propaganda electoral del PAN, si en ambos temas ese partido tuviera autoridad moral para realizarla y no una larga cola que se le pueda pisar al primer paso. Este partido, que en el fondo es semejante a los demás, apuesta a la desmemoria de los electores al suponer que los mexicanos ya olvidamos que en el sexenio del locuaz Vicente Fox Quesada, fue donde, a rajatabla y previo decreto presidencial, se estableció la congelación de sueldos a todos los trabajadores de la Administración Pública Federal. El PAN, hasta el día de hoy, continúa como promotor del engaño al ocultar que en el sexenio de Felipe Calderón siguió aplicándose esa injusta medida restrictiva, que todavía persiste en tiempo del priista Enrique Peña Nieto.
Esa burda propaganda electoral panista, presupone, erróneamente, que el electorado va a creer el cuento que con los panistas en la Cámara de Diputados ahora sí van a subir los salarios. En cuanto a la promesa que van a encarcelar a los corruptos habrá que recordar que Vicente Fox no encarceló a ninguno de los peces gordos del PRI que ofreció poner tras las rejas de una bartolina. Nadie ignora que no solamente se pasean impunemente, sino lo que es peor algunos continúan ocupando cargos públicos.
Estas elecciones se desarrollarán en circunstancias muy particulares. En un ambiente político enrarecido por la enorme y creciente falta de credibilidad y confianza en todos los integrantes de la desprestigiada clase política mexicana. Debido a la impresión generalizada que se tiene de ellos en el sentido que son corruptos e ineptos. Que utilizan el cargo para el que fueron electos, solo para saquear los fondos públicos y enriquecerse ilícitamente. Por la pésima reputación de los partidos políticos, muchos de ellos convertidos en negocios de alto rendimiento financiero para sus cuasi propietarios y dirigentes. Por la impopularidad de diputados y senadores que no realizan las tareas legislativas que tienen obligación de efectuar, lo que explica las abundantes lagunas e insuficiencias que existen en la legislación mexicana e incluso leyes mal redactadas, y solo se distinguen por obtener beneficios personales a través del mayor número de prebendas posibles e imposibles que son capaces de auto adjudicarse.
Una encuesta telefónica realizada recientemente por el periódico Reforma, a nivel nacional, que tiene un margen de error de +/- 4.6% y un nivel de confianza de 95%, se detectó mediante una escala de 0 a 10, donde 0 es “nada de corrupción” y 10 es “mucha corrupción”, que la sociedad tiene la peor percepción de todo aquello que incide y se deriva de los procesos electorales: partidos políticos, presidente de la república, gobernadores (incluyendo al jefe de gobierno del D. F.), presidentes municipales y de las juntas auxiliares de Puebla y de los jefes delegacionales en el Distrito Federal, según los siguientes resultados:
| 1. | Partidos políticos | 9.0 |
| 2. | Altos servidores públicos | 8.8 |
| 3. | Sistema judicial | 8.8 |
| 4. | Gobierno federal | 8.7 |
| 5. | Gobiernos estatales y del D. F. | 8.7 |
| 6. | Legisladores | 8.5 |
| 7. | Gobiernos municipales
y delegacionales del D. F |
8.5 |
| 8. | Sindicatos | 8.2 |
| 9. | Burócratas | 8.1 |
| 10. | Maestros | 7.3 |
| 11. | Iglesia | 6.7 |
La evaluación de Reforma revela que las personas encuestadas tienen la peor opinión de los partidos, del presidente de la república, de los gobernadores, de los legisladores y de los alcaldes. Este resultado coincide, en términos generales, con la pésima percepción que muchísimos mexicanos tenemos de quienes ocupan cargos de elección popular. Los partidos políticos, todos y con todas sus tendencias ideológicas, merecen un comentario especial.
Constitucionalmente los partidos políticos son considerados como entidades de interés público. Se puede resumir que su objetivo primordial consiste en promover la participación de ciudadanos en la vida política del país, con la finalidad de hacer posible el acceso de éstos al ejercicio del poder público. Hasta aquí todo esto es inobjetable.
En el terreno de los hechos, las cosas son diferentes. Forman una partidocracia que tiene el monopolio de las candidaturas a cargos de elección popular. Éstas, por regla general, las otorgan a sus incondicionales. Por eso ningún ciudadano que no esté identificado con quienes controlan los grupos de poder, las tribus y hasta las mafias que existen al interior de los partidos políticos, puede aspirar a una candidatura, por modesta que ésta sea. De ahí que la inmensa mayoría de los candidatos a los diferentes puestos de elección popular, no sean socialmente los idóneos.
El voto es una prerrogativa de los ciudadanos mexicanos para designar gobernantes y legisladores. Es una preciada facultad democrática que no debe dejarse de utilizar. Sin embargo, no siempre y en todos los casos, se cuenta con candidatos adecuados para efectuar una buena selección de servidores públicos que garanticen eficiencia y honradez. Esto implica que los electores deben examinar con lupa a los candidatos a quienes van a otorgar su voto. En caso que el elector no encuentre los que, a juicio suyo son los mejores prospectos, tiene también la facultad de anular su voto, tachando la boleta.
En manos de los electores está echar en el bote de la basura de la historia electoral de México la vieja, nociva y generalizada costumbre de votar irreflexivamente. Los comicios del domingo 7 de junio, ofrecen a 83 millones 563 mil 190 ciudadanos la oportunidad de emitir, quizá por primera vez en cientos de miles de casos, un voto razonado. Para ese fin se dispone de cuatro opciones:
- Votar por algún candidato
- Votar en blanco
- Anular el voto
- Abstenernos de votar
Votar por algún candidato
Pretender votar por un candidato no es tarea fácil para los electores. Va a resultar difícil votar con conocimiento de causa por cualquiera de ellos. Unos son totalmente desconocidos y otros sería mejor no conocerlos. Todos pidieron el voto ciudadano, pero deliberadamente todos ocultaron su perfil. Ninguno dio a conocer su historial y menos todavía sus pretensiones políticas. Nadie sabe el monto de sus ingresos y si los declaran o no a la secretaría de Hacienda. Tampoco se conoce algo acerca de su solvencia moral, patrimonio personal, experiencia, grado académico y conocimiento de la problemática del entorno que aspira representar. En estas condiciones, quien decida votar por algún candidato no sabrá si lo está haciendo por el mejor o por el menos peor.
Votar en blanco
Depositar en las urnas las boletas electorales en blanco no es recomendable en ningún sentido. Se trata de una decisión y sobre todo de una acción de alto riesgo, en caso que estas boletas pasen por manos de funcionarios de casillas que tengan simpatía por algún partido político, en cuyo caso podrían cruzar las boletas en blanco a favor del partido de su predilección. Esto puede ocurrir, no obstante que la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (anteriormente Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales) establece como requisito insoslayable que los funcionarios de casilla no deben militar en ningún partido político. No debemos olvidar que en México existen partidos políticos como el PRD, PT, PVEM y PRI y personas, como Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard Casaubón, que se las han ingeniado para torcer la ley.
Anular el voto
Anular el voto cruzando con una equis toda la boleta, es una decisión, legal y correcta y bien pensada, cuando los electores no encuentran los candidatos que consideran aceptables para desempeñar los cargos que pretenden ocupar. Porque siempre será mejor anular el voto, que otorgarlo a quien de antemano se sabe o se sospecha que no hará bien su trabajo. El voto tiene, objetivamente, dos interpretaciones. Una de aceptación y otra de rechazo. Es de aceptación, tácita o expresa, cuando se vota por alguien. Es de castigo cuando se sabe a quién y porqué se le niega. El elector que anula de esta forma su voto no comete ninguna falta ni vulnera la democracia.
Abstenerse de votar
El abstencionismo electoral tampoco es una práctica ciudadana que sea recomendable. Refleja negligencia y falta de interés en participar en las contiendas electorales, que debido a la presión popular, ejercida como consecuencia del presunto pero evidente fraude electoral de 1988, dejaron de ser manejadas y controladas por el gobierno hasta ese entonces y pasaron a formar parte importante de la vida democrática del país. Abstenerse de votar en señal de protesta por el caso de los desaparecidos de Ayotzinapa; por las mansiones adquiridas en forma irregular por la esposa del presidente Peña Nieto y por su secretario de Hacienda, Luis Videgaray; por la sospechosa licitación del tren de alta velocidad México Querétaro y por los escándalos del Grupo Higa y la constructora española OHL y por cualquier otro motivo, repercutirá en perjuicio de la democracia y por ende, de las elecciones.










