
Si algo caracterizaba a Ricardo Garibay era su eterna sed de conocimiento y esa curiosidad que lo llevó a abarcar numerosos campos, haciendo de la crónica y el periodismo una obra de arte, pero también el ensayo, la novela, el cuento y el guion cinematográfico.
«Fue un hombre de muchas facetas que enriqueció con su talento las letras de México, un ser humano admirado y querido por varias generaciones que lo hicieron su referencia y su maestro», afirmó Josefina Estrada, encargada de reunir los materiales de la obra Ricardo Garibay. Antología, presentada la tarde del domingo 19 de enero en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.
En la presentación homenaje de esta edición de Cal y Arena, estuvieron presentes Francisco Hernández, Guillermo Vega Zaragoza y Rafael Pérez Gay, quienes coincidieron en que Garibay fue uno de esos autores casi inclasificables que dejaron uno de los más ricos legados en muchos géneros de las letras e incluso el cine, contándose entre sus obras desde cuentos como La nueva amante, ensayos tan recordados como Oficio de leer, novelas tan magníficas como Beber un cáliz, hasta guiones cinematográficos de gran éxito como El mil usos.
«Hay libros que nos van a acompañando, que vamos creciendo con ellos, que nos invitan a creare al compás del autor, y es por eso que dentro de mi periodismo me percaté que Garibay es la totalidad en este oficio. Es un autor que debe ser rescatado para las nuevas generaciones, quienes deben conocer su vasta obra. Garibay debería ser imprescindible para todo joven que comience a interesarse por el mundo de las letras», afirmó Josefina Estrada.
La autora y recopiladora dijo que Ricardo Garibay es también la totalidad como autor de literatura y escritor de excelencia universal y recordó cuando escuchó decir a Francisco Hernández que la lectura y la escritura son hijas de la misma madre.
«Garibay les aconsejaba a los jóvenes que fueran insolentes, irreverentes, porque el del periodismo y la literatura son trabajos muy duros, y si el autor no se atreve a lanzarse al vacío se transforma en un escritor blandengue, temeroso e imposibilitado. Garibay como escritor siempre fue la valentía misma, el arrojo, la precisión y la exactitud gozosa y perfecta en el lenguaje literario».
Finalmente, Josefina Estrada dijo que la personalidad de Ricardo Garibay se polarizaba con ese rostro cotidiano que solía mostrar al mundo, salpicado siempre de cordialidad, sencillez, claridad y libertad extrema.
«Ese signo lo conservaba tanto en la franqueza como en el humorismo que a cada momentos nos obsequiaba sin preámbulo alguno, por eso creo que aunque nos vayamos de este mundo quienes gozamos de su carácter y su mal carácter la historia tiene a Ricardo Garibay ya dictaminado como un gran clásico de nuestra cultura, tanto como Rulfo que fue un clásico en vida».
Rafael Pérez Gay elogió la publicación de este libro porque a través de numerosos relatos Josefina Estrada nos muestra las diferentes facetas de Ricardo Garibay. «Sus relatos vibran con frecuencias distintas, apasionantes y muy reveladoras sobre un autor que enriqueció nuestras letras de forma admirable».
Guillermo Vega recordó que el 8 de julio de 1965 Ricardo Garibay estuvo en la Sala Manuel M. Ponce participando en el ciclo Los escritores frente al público, junto a Juan Rulfo, Juan José Arreola y Rosario Castellanos, dando cuenta de cuán admirado ya era en esa época.
«Recuerdo a Vicente Leñero cuando dijo que era un privilegio escuchar hablar a Garibay con su lenguaje de luces, con la brillantez de su palabra. Es un autor que nunca llegó a alcanzar lo que por derecho propio le pertenecía, ser reconocido internacionalmente por su vasta e importante obra».
Y agregó: Nadie en la literatura mexicana escribió tanto y tan bien como Garibay, pero tampoco nadie fue sido tan censurado por los pináculos de la literatura que nunca lo invitó a formar parte de sus terrenos, porque él, ante todo, fue siempre un gran crítico de la mediocridad».
Francisco Hernández dijo que a pesar de nunca haber pertenecido a la Academia Mexicana de la Lengua o ser nominado a grandes premios, Ricardo Garibay jamás fue arrinconado, porque él desde niño pensaba que era necesario pelear y mantener una lucha constante por las más profundas convicciones.
Recordó que la primera vez que leyó Beber un cáliz, donde Garibay muestra su dolor por la muerte de su padre, él mismo vivía un trance parecido, y por eso aquel libro se convirtió en un bálsamo que se unió para siempre a él en una profunda identificación.
«Aunque otros escritores fueran colocados antes que él en sitios privilegiados, nunca se podrá disminuir el valor universal de Ricardo Garibay, quien fue un gran maestro que con su literatura fortalece y purifica el aire nuestro de cada día».
Durante la presentación el público pudo disfrutar de la adaptación escénica del texto María Antonieta, de Ricardo Garibay, con la dirección de Xavier Villanova y las actuaciones de Leonora Cohen y Xavier Villanova.








