Salvajes, cinta dirigida por Oliver Stone, no tiene la extravagancia de los films que retratan el narco, no funciona como una película en tono de farsa; tampoco tiene la seriedad ni el compromiso para ser una obra formal e importante.
Lo que más llama la atención de Salvajes es su elenco mexicano, todos en roles secundarios: Salma Hayek, Demián Bichir, Joaquín Cosío, Diego Cataño y Sandra Echeverría.
Oliver Stone contrapone elementos: una fotografía de postal, una California que parece sacada de un video de Katy Perry, con una historia ?oscura? sobre dos hombres que cultivan marihuana -uno es un veterano de guerra, el otro un pacifista- que comparten novia; este trío es aterrorizado por un cártel de droga de origen mexicano.
El desarrollo de Salvajes es ingenuo -dos guapos californiamos que, sin importar su pasado e ideales, viven como millonarios tostados bajo el sol. Los integrantes del cártel, por otro lado, varían entre el cliché del narco (Benicio del Toro, aunque por mucho lo mejor del film) y la obvia ausencia de estos mismos (Hayek es una actriz que necesita de elementos externos para ser verosímil, se le ve demasiado mesurada en su aparariencia).
Cuando la historia se torna con ritmo de película para adolescentes llega el peor momento; Stone usa un truco que, incluso Alfred Hitchcock se arrepintió de utilizarlo en Pánico en la escena, termina por hacer de Salvajes una película falsa, artificiosa, que, como en una telenovela donde la protagonista vislumbra que el dolor fue un sueño, toma el pelo a sus espectadores.
Quienes ya vieron el film saben cuál es el truco, o trampa, narrativo de Stone, que no logra hablar sino desde la perspectiva complaciente. Y sí, como expresó Bichir, quizá haya nominaciones para algunos actores de la película, a los Oscar les gusta lo que se vende como provocativo y no es sino un film correcto.
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