‘Los nominados en la categoría de Mejor Actor en rol protagónico son…’, expresó Jennifer Lawrence en la mañana del 24 de enero, ‘Demián Bichir por A Better Life’. Un sentimiento de triunfo compartido hizo latir el corazón.
George Clooney, Brad Pitt, Jean Dujardin, Michael Fassbender y Leonardo DiCaprio eran los nominados ‘seguros’, el descarte de Bichir de los Globos de Oro era la señal más clara de que no estaría en los Academy Awards. Sorpresa, sorpresa.
Ni Fassbender ni DiCaprio, sentidas ausencias, en su lugar Gary Oldman (El espía que sabía demasiado) y el triunfo de las organizaciones de apoyo a los migrantes, esta nominación es el reconocimiento, quizá un tanto correcto, de que los millones de migrantes representan una fuerza grande, no pueden, ni deben, ser ignorados.
La actuación de Bichir es un golpe dramático y emocional, no es sólo una historia de migrantes, como parece en la superficie, es una relato de amor y un trabajo que reconoce una carrera llena de marcas: éxitos, fracasos, aplausos y vituperios, como resulta la vida de un actor.
El amor de ‘Carlos Galindo’, nombre de su personaje, por su hijo, su cultura escindida, mezclando inglés y español, mirando cómo su vástago ya no es producto mexicano, es una extraña hibridación que busca su identidad a medio camino entre las posibilidades de ser ciudadano estadounidense y las costumbres en que insiste su familia en perpetuar.
El trabajo de Chris Weitz, director de Luna nueva de la saga Crepúsculo, acierta en poner todo el peso en Demián Bichir que varios años después de trabajar con Steven Soderbergh, en las películas Che, donde interpreta a Fidel Castro, llega al mercado anglosajón con A Better Life, cinta de éxito discreto que a estas alturas, una semana de la premiación, ya vio todo Hollywood, quizá el mayor triunfo de la postulación.
Las posibilidades de que Demián Bichir se pare de su asiento y recoja un Oscar son remotas, que no imposibles. La tendencia política lo podría favorecer, en medio ‘esperanza en terapia intensiva’, como llamó la revista Esquire al gobierno de Barack Obama. Sus más fuertes competidores: Jean Dujardin (El Artista) y Brad Pitt (El juego de la fortuna).
De tener el Oscar en sus manos o quedarse con la nominación, para Bichir viene lo mejor: la oleada de publicidad, respaldada por su trabajo, le traerán ofertas muy buenas para su carrera, tanto si adentra en Hollywood o enriquece su filmografía haciendo trabajos de calidad en otras industrias.
El actor mexicano ha declarado a la agencia AP que: ‘siempre he pensado que no tienes que ser el ganador de un Oscar para hacer lo que quieras de tu vida y trabajar en un buen proyecto. Siempre he tenido ese control’.
George Clooney ya lo vaticinó ‘la nominación cambiará su carrera’.
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