El cine de Pedro Almodóvar es una serpiente, una boa constrictor que engulle todo lo que le produce fascinación y luego se come a sí misma con apetito feroz.
La piel que habito solamente viene a confirmar que el cine del director español después de alimentarse de diversas referencias se enrolla sobre sí mismo. Una navaja con un filo peligroso, entre la frontera de lo innovador y la copia vil, o una combinación de ambas si observamos con detenimiento.
Este nuevo film trae a la mente películas como Vértigo de Alfred Hitchcock, donde una mujer es reconstruida a la voluntad de un hombre en el abismo del amor: se enamoró de una ilusión que un día se desvaneció e intenta reconformarla con una malicia, un apetito de rebajamiento muy estilizado ?algo similar a lo que hizo Luis Buñuel y el film Él, que filmó en México.
También recuerda a Frankenstein y la película Los ojos sin rostro del director francés George Franju, estrenada en 1960, un film sobre la estilización de la vejación, de la destrucción del ser humano.
Las actrices de Almodóvar que protagonizan La piel que habito, Elena Anaya y Marisa Paredes, estuvieron en el pasado Festival Internacional de Cine de Morelia; de forma muy inteligente Anaya dijo que la película ‘es sobre la identidad, sobre cómo le puedes robar a alguien lo que es’, aquello que lo define: Antonio Banderas en el ladrón de la identidad del personaje que deviene en la piel que la actriz.
La cuestión es que Almodóvar parece tomarse demasiado en serio, el film es de manufactura impecable, pero la sorpresa que desea darle al público quizá no sea tan transgresora como lo ha venido anunciando su elenco y director. Con cineastas europeos en activo como Lars von Trier (Dogville, Anticristo) y Michael Haneke (La pianista, La cinta blanca) Almodóvar ha quedado muy lejos de ser innovador.
Como un reptil se vuelve a enredar sobre sí al retomar los tópicos de Átame! y Kika, sobre el sometimiento, sobre la forma de jugar el juego del poder: ser la víctima y el victimario en la misma partida.
Antonio Banderas brilla con su regreso a Almodóvar: contenido, moviendo los músculos exactos para que ‘Robert Ledgard’ cumpla su venganza.
Lo que sí no se le discute a Almodóvar, aunque en una película tan mediana como esta, es que es un esteta y que la figura femenina está presente a través del alma y no del cuerpo y que sigue retratando a las féminas, ‘las mujeres de Almodóvar son unas sobrevivientes natas, nunca se dan por vencidas’ como bien lo dijera la grandiosa Marisa Paredes en Morelia.
Lee el artículo completo en: Esmas.com








