Published On: Mié, May 4th, 2011

Viaja Ernesto Sabato hacia su último túnel (II)

Mediterráneo de herencia, físico de profesión, escritor de corazón, pintor por complemento y defensor de los derechos humanos por convicción:

Descendiente de padre italiano y madre albanesa, Sábato es considerado como uno de los grandes de la literatura latinoamericana no solo por sus novelas, incluida Abaddón el exterminador, sino también por su amplia obra ensayística sobre la condición humana.

Obtuvo el Premio Cervantes en 1984, ocasión en la que pronunció un discurso en el que describió El Quijote como “un simple mortal, tierno desamparado, andariego, el hombre que alguna vez dijo que por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida”.

Sabato tuvo también una vida andariega, marcada por la literatura y por su peculiar compromiso político, que le llevó al final de su vida a declararse más cercano al “anarco-cristianismo” y a Tolstoi que al activo comunismo de su juventud.

El escritor empezó su vida profesional como físico, en Zurich (Suiza), pero muy rápidamente comenzó su actividad literaria y su amistad con el Grupo Sur, donde conoció a Victoria Ocampo y a Jorge Luis Borges, con quien mantuvo siempre una relación conflictiva pero que dio origen, en 1976, a un hermoso libro titulado Diálogos con Jorge Luis Borges.

Fue en esa época cuando se casó con Matilde Kusminsky, con la que tuvo dos hijos, y que vivió con él hasta 1998, cuando murió.

Su primera gran novela, El túnel (1948), un agudo ensayo psicológico, lleno de ironía, pero también de amargura y del pesimismo que marcaría toda su obra posterior, le proporcionó un inmediato reconocimiento no solo en Argentina sino internacional.

Su segunda obra, Sobre héroes y tumbas, que incluye su estremecedor Informe sobre ciegos, le confirmó como un autor extremadamente original, pese a su lenguaje cotidiano y fácilmente accesible, y le colocó entre los autores más grandes en lengua española.

“Esa es la obra en que intento dar una versión total de mi realidad. De toda mi realidad, sobre héroes y tumbas, sobre esperanzas y desesperanzas, sobre la vida y la muerte, el bien y el mal”, dijo en una entrevista.

El fuerte carácter de Sabato, su egocentrismo y su gusto por las polémicas, origen de multitud de anécdotas, hicieron de él un personaje controvertido en las letras argentinas, aunque nunca se discutió su extraordinaria importancia literaria.

“No sé por qué, pero siempre fui especialista en hacerme enemigos”, confesó el propio Sabato en una charla en 1996.

Su vida y su obra no se comprende sin su faceta de luchador por los derechos humanos y su compromiso contra la dictadura militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1983, pese a que en los primeros meses del golpe participó en una comida con el general Jorge Videla, a la que asistió también Jorge Luis Borges.

Sabato se espantó al conocer los continuos asesinatos y abusos contra los derechos humanos que protagonizaba la dictadura y, como recordó la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú, “firmó to

as las peticiones que pudo reclamando la aparición con vida de quienes habían sido secuestrados”.

Terminada la dictadura, Ernesto Sabato recibió el encargo del primer presidente democrático, Raúl Alfonsín, de encabezar la recién creada CONADEP.

El equipo de investigación de la Comisión recogió el testimonio y documentó minuciosamente ocho mil 960 desapariciones y la existencia de 340 centros de detención ilegal y tortura.

El informe titulado Nunca más, pero conocido también sencillamente como Informe Sabato, fue entregado a Alfonsín en un acto inolvidable para la inmensa mayoría de los argentinos, el 20 de septiembre de 1984, y dio origen al procesamiento y condena de los máximos responsables de las juntas militares de la dictadura, entre ellos el propio Videla, que fueron enviados a la cárcel. Sabato se opuso siempre a las leyes de Punto Final y a los posteriores indultos concedidos por el peronista Carlos Menem.

El escritor sufrió durante mucho tiempo una fuerte depresión que le llevó un día, de visita en España, a contestar a quienes intentaban darle ánimos: “Ustedes no entienden nada.

Yo me despierto cada mañana, y me doy cuenta de que soy argentino”. Pasó sus últimos años sin escribir pero pintando, su segunda vocación artística, que siempre supo compaginar con la literatura.

“La razón no sirve para la existencia”, afirmaba. No quería que se le encasillara en ninguna tendencia literaria: “Tengo con la literatura la misma relación que puede tener un guerrillero con el ejército regular”.

Ernesto Sabato afirmaba a menudo que creía en el hombre, “a pesar”, solía añadir, “de que estamos ante el animal más siniestro”. “La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, hay que morirse”, dijo alguna vez.

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