Published On: Jue, Jul 25th, 2013

Sonará de nuevo la Guitarra Séptima Mexicana

SONARÁ DE NUEVO 1

Testigo de las gestas de Independencia y Revolución mexicanas, considerada símbolo de nuestra identidad nacional, la guitarra séptima o de siete órdenes sucumbió a mediados del siglo XX, ante los intereses comerciales de las grandes casas musicales que privilegiaron la de seis cuerdas, aseguró el investigador Edgar Jaime Rueda Salas, quien participará este viernes 26 en el ciclo Conversaciones Musicales, organizado el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
La conferencia se dictará en la Fonoteca del INAH, con el tema Resurgimiento escénico de la hoy extinta guitarra séptima mexicana, donde además participará el guitarrista Jorge Martín Valencia Rosas, uno de los impulsores del rescate de dicho instrumento nacional.
Conocida también como guitarra mexicana, la séptima o de siete órdenes fue un derivado de las guitarras barroca (de cinco cuerdas) y sexta o española, que buscó tener una mayor sonoridad. No obstante, en España «no pegó la séptima y quedó como un mero experimento», anotó el investigador independiente Jaime Rueda.
Por su parte, el guitarrista Jorge Martín Valencia dijo que en México «se arraigó y cobijó como instrumento de acompañamiento de múltiples ritmos: polkas, valses, corridos, chotices, mazurcas, rigodones, camoratas, jarabes y cuadrillas, por lo que es el común denominador del costumbrismo mexicano».
Destacó que la sonoridad de dicho instrumento es mexicana, pues los compositores que la utilizaron son, en su mayoría, mexicanos, y sus obras se cocinaron a la sazón del costumbrismo musical de finales del periodo colonial, del fandango y el galantismo; después vendrían aires independentistas y nacionalistas, para culminar con el afrancesamiento a finales del siglo XIX.
Instrumento popular
La guitarra séptima mexicana formó parte de la vida musical de 1750 a 1950, aproximadamente, por ello está considerada símbolo de nuestra identidad nacional, recalcó Edgar Rueda, quien desarrolla la investigación Historia de la guitarra en la Ciudad de México a través de los siglos.
Destacó que en Conversaciones Musicales abordará con diversos textos e imágenes (pinturas, fotografías, partituras), la presencia de este instrumento en la vida mexicana: fandangos, bodas, la pulquería y la sala del cinematógrafo silente.
Dijo que el instrumento acompañó a los campesinos en la gesta de Independencia, época en la que se tocaban «sonesitos de la tierra», como los jarabes, pero también temas como Las mañanitas de Hidalgo, pieza que fue compuesta en Zacatecas, por ahí de 1811.
El investigador aseguró que «el antecedente más remoto lo encontramos en la Declaración de instrumentos musicales, de 1555, escrita por el teórico de la música Juan Bermudo, donde alude a una vihuela de siete órdenes».
Para la segunda mitad del siglo XVIII, abundó, ya podemos situar claramente la presencia de una guitarra de siete órdenes o cuerdas dobles en Explicación para tocar la guitarra de punteado por música o cifra, y reglas útiles para acompañar con ella la parte del bajo, manual editado en Veracruz, en 1773, por el profesor de música Juan Antonio de Vargas y Guzmán, quien llegó a la Nueva España procedente de Cádiz.
Por su parte, Valencia Rosas ubicó como «pilares del septimismo» durante el siglo XIX a los compositores José María Bustamante, el «Verdi mexicano» y a su alumno Ignacio Ocadiz; para la segunda mitad de la centuria, a José S. Arévalo y Miguel Planas, este último autor del método más acabado para el instrumento.
Para la época de la Revolución, el intérprete mencionó a Octaviano Yáñez, quien sentó las bases para la composición de música de concierto para guitarra, y al profesor y compositor español Guillermo Gómez, con su alumno más destacado Francisco Salinas.
Primer concierto y declive
El compositor Rafael Adame, alumno de Julián Carrillo, escribió en 1930 el primer concierto para guitarra y orquesta del siglo XX (Concierto para guitarra de 7 cuerdas), adelantándose al famoso Concierto de Aranjuez (1939), de Joaquín Rodrigo, y al Concierto del Sur (1941), de Manuel M. Ponce, aunque cabe aclarar que esta precoz obra raramente se toca y sólo existe una grabación.
El paulatino abandono de la guitarra séptima se produjo, a decir de Rueda Salas, porque las casas de instrumentos musicales del país, como la Wagner y la Veerkamp, «acapararon la construcción y distribución de dichas guitarras y, en un momento dado, a mediados de la década de 1950, dejaron de producirlas, porque la séptima sólo se tocaba en México y no se adaptaba a sus metas comerciales».
Asimismo, el intérprete Jorge Martín Valencia, quien editó el disco «¡Independencia y Libertad o Muerte!: La guitarra séptima mexicana vol. 1, señaló que tanto las casas productoras como los medios de comunicación (cine y radio), se ajustaron comercialmente a la guitarra sexta, aprovechando también el éxito del guitarrista español Andrés Segovia.
Egresado de la Escuela Nacional de Música, el septimista actualmente trabaja con una beca de Fomento a la Producción Musical Nacional del Instituto Nacional de Bellas Artes, para el proyecto Tocaba don Melesio admirablemente la guitarra de siete órdenes, frase que extrajo de las Memorias…, de Guillermo Prieto.
La conferencia Resurgimiento escénico de la hoy extinta guitarra séptima mexicana, donde también se hará un recorrido musical de las composiciones del siglo XIX para guitarra de siete órdenes, tendrá lugar el próximo viernes 26 de julio, a las 17:00 horas en la calle Córdoba 45, colonia Roma. Entrada libre.