Published On: Mié, Mar 23rd, 2011

Santa, mujer y humana, ¡nada más!

Imagen de la película Santa, basada en la novela.

Imagen de la película Santa, basada en la novela.

Particularmente irónica “Santa” es la historia de una mujer cuyo nombre remonta a la mente la imagen más clara de la pulcritud, una marea de desoladores retratos que con cada párrafo logran una detallada inmersión a través de la exploración más minuciosa a cada recóndito aspecto de los personajes; aquí Federico Gamboa presenta una tesis tremenda sobre la imagen completa de un ser humano a través de una narrativa cargada, orientada a la psicología de un ser humano, utilizando vivazmente el soliloquio de los protagonistas.

 Santa es una mujer -porque bajo el contexto de la obra, la adolescencia era una etapa inexistente- cuya belleza es tan grande como su desolador futuro, enfrenta su racha interminable de desgracias aprendiendo las gentilezas de una cortesana por causa del destierro familiar, por haber entregado su virginidad al hombre equivocado, por tener una ingenuidad inherente de joven campirana.

 Ostentosa portadora de una mezcla entre naturalismo y realismo, la obra de “Santa” se percibe ya en un atemporal contexto; sí, está la ciudad de México en los principios del siglo XX con sus primeros cien años de libertad, sus problemas como una incipiente república, su ambientación entregada en la vida galante de aquella capital joven.

 Sin embargo, respetando aquellos orígenes, esta obra se encuentra totalmente libre de los arraigos nacionalistas y la actitud costumbrista de las obras igualmente exitosas en la literatura mexicana que le precedieron.

 Evidentemente es México y hay algunas partes del relato que se benefician de tal escenografía, pero si se hace a un lado esos detalles, aunque bastante cuidados y en perfecta composición narrativa, “Santa” es una historia que podría desarrollarse en cualquier otro lugar y quizá hasta en otro tiempo. Conservaría aun su trascendencia a pesar de carecer de un contexto fijo.

 La abrumadora narrativa resulta atractiva porque hereda esa enorme descripción en cada párrafo de los acontecimientos, de una sólida ambientación cual retrato viviente; no obstante, a diferencia de José López Portillo y Rojas con “La Parcela”, en donde el detalle abunda solamente en la escenografía de la historia, en descripciones ambientales y en algunos rasgos físicos de sus protagonistas; Gamboa se beneficia de esta práctica para detallarnos no solamente lugares y rasgos físicos, sino también para llevar de la mano al lector y explorar cierta parte de la psique humana, un elaborado viaje por los pensamientos y motivaciones de los personajes, el comienzo de la llamada novela psicológica.

 Santa no es una mujer que se haya visto obligada a la vida de la concupiscencia, no es una mujer que sufre porque el destino se haya ensañado con ella, eso bien podría parecer sólo en el principio; Santa es un personaje excelente porque tiene algo que hasta entonces la mayoría de los personajes en la literatura mexicana carecen, voluntad.

 Una voluntad que se asemeja más a la de una persona “normal”, el discernimiento y razón que dan peso a un argumento más cercano a una historia verídica. Los protagonistas de “Santa” no son ni buenos ni malos, Gamboa quiere hacer que el lector se olvide de los prejuicios y vea que el sentido no es moralizar, sino reflejar y detallar con elocuencia una historia.

 Santa toma sus propias decisiones y esas-como naturalmente ocurre con las decisiones que se toman a diario- conllevan una reacción, pero a final de cuentas fue su voluntad, encaprichada quizá, pero finalmente suya.

 Con el tiempo Santa descubre que esa vida ha penetrado en su ser por completo, y cual droga extenuante, su cuerpo pide más de esa vida, incluso cuando tiene la oportunidad de dejarla.

 La protagonista es víctima de sus propias acciones, no de un cruel infortunio ni de un villano épico cuya motivación es el tormento de la joven solamente por una maldad inverosímil. No, Santa es la provocadora de su desdicha y el autor no titubea al ponerle una consecuencia trágica.

 Si, después de una amplia valoración, “Santa” tiene una propuesta de crimen y castigo, pero no porque la maldad deba ser castigada, no es la postura que el autor quiere para la interpretación de su obra, más bien porque las acciones tienen consecuencias.

 Una mujer hermosa mancilla cada parte de su ser por un capricho, se dispone a adoptar una vida difícil sin meditar las consecuencias; al final, aquella mujer nunca dejó de ser el reflejo de una reina pero tampoco fue indiferente a las delicias de una vida en excesos, Santa es simplemente una mujer con una historia muy particular, ni buena ni mala, mujer y humana, nada más.

 Cabe mencionar que “Santa” fue escrita en 1903, y no se trata de un producto de las lecturas sino de la experiencia directa del autor, una visión de compasión más que de odio, no obstante el paso de los años, el cambio de roles sociales, los espacios ganados por las mujeres, “Santa” sigue latiendo y lacerando el inconsciente colectivo de la sociedad.

Daniel Sánchez Lara

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