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Momento Diario | En el vértice de Puebla

México y la economía del freno de mano

admin by admin
marzo 8, 2026
in Columnas, Poder Económico | Adalberto Füguemann
México y la economía del freno de mano

“La informalidad no es una anécdota pintoresca del mercado laboral mexicano. Es una razón por la que el país trabaja mucho, se desgasta más, y crece menos de lo que podría.”
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VENTAJAS DESPERDICIADAS: México tiene la rara habilidad para desperdiciar ventajas. Es el único país con cercanía al mayor mercado del mundo, una base manufacturera relativamente relevante, una población trabajadora muy amplia y una posición geográfica privilegiada. Sin embargo, el crecimiento sigue siendo mediocre, no por falta de potencial, sino por exceso de lastres.

Uno de estos males es la informalidad laboral. No se trata de un asunto marginal, la OCDE ha advertido que el empleo informal representa más de la mitad del empleo total en la economía mexicana (57%). Esta informalidad mantiene a los trabajadores en actividades de baja productividad, con poca protección social, menos derechos laborales y menor acceso a capacitación.

Los datos del INEGI retratan el problema con una crudeza brutal. En 2024, la economía informal aportó 25.4% del PIB, pero concentró 54.4% del empleo. Traducido al español llano, más de la mitad de la población ocupada genera solo una cuarta parte de la riqueza (?) nacional. No hace falta ser premio Nobel para sospechar que aquí hay un problema serio de productividad.

No conviene caer en este caso caer en la comodidad moral de culpar al más débil. La informalidad no existe porque millones de mexicanos hayan decidido sabotear el desarrollo nacional por afición. Existe, en buena medida, porque la economía formal no ha sido capaz de absorberlo. Para demasiadas personas, la disyuntiva no ha sido entre un empleo formal con prestaciones y otro informal sin ellas. Ha sido entre informalidad, migración o delincuencia. Vista así, la informalidad es una válvula de escape social, pero también es un desatendido freno económico. Las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo en una paradoja cruel.

El problema empieza cuando esa salida precaria se convierte en norma y, peor aún en maniqueísmo político electorero. La empresa formal paga impuestos, seguridad social, regulación, licencias, contabilidad, cumplimiento laboral, muchas veces derecho de piso y costos de operación completos. La informal, muchas veces, compite sin esa mochila. El resultado es una cancha injusta, no siempre sobrevive quien produce mejor, sino quien carga con menos obligaciones. Esa distorsión termina castigando a quien invierte, a quien se formaliza y a quien intenta crecer por la vía legal.

NO CRECEMOS PORQUE NO QUEREMOS: Santiago Levy lleva años insistiendo en este punto. Señala que hay escasas buenas intenciones y muchos malos resultados, esto conlleva esfuerzos mal recompensados. Sostiene que el diseño de las políticas tributarias, laborales y de protección social ha fomentado la informalidad, subsidiado la evasión de leyes laborales y fiscales, y reducido la productividad y el crecimiento del país. No es una opinión lanzada al aire, es una línea de análisis que se volvió central en la discusión seria sobre por qué México crece tan poco pese a tanto esfuerzo acumulado.

Si se toma en serio la brecha entre empleo y aportación al PIB, puede hacerse una inferencia prudente: si México lograra cerrar una parte relevante de esa brecha de productividad, su economía sería sensiblemente mayor.

Este problema no se resuelve disminuyendo el horario de trabajo e incrementando la baja productividad. No se trata de inventar una cifra milagrosa, sino de admitir lo evidente: la informalidad no sólo le resta recaudación al Estado; también le resta tamaño y eficiencia al aparato productivo nacional.

Múltiples estudios académicos sobre México (OCDE), Instituto para La Paz, etc han señalado que el crecimiento de la informalidad ha creado limitantes al crecimiento de largo plazo mediante reducciones en la productividad.

A este lastre hay que sumarle uno más brutal, la violencia. El Índice de Paz México 2025 estimó que el impacto económico de la violencia en 2024 fue de 4.5 billones de pesos, equivalentes a 18% del PIB y a casi 3 veces la deuda total de Pemex; en la edición previa había estimado 19.8% del PIB para 2023. Además de operar con una economía laboral fracturada, México paga una factura gigantesca por la inseguridad.

Un tercer jinete apocalíptico para la economía lo encontramos en la corrupción, que no siempre cabe en una sola cifra redonda y elegante, pero sí aparece todos los días en el bolsillo del mexicano como sobrecosto, extorsión burocrática, desconfianza, contratos distorsionados y menor inversión. Por último, aparece el cuarto jinete, las malas decisiones políticas, que rara vez se reportan como rubro contable, pero suelen sentirse con impecable puntualidad en la productividad y la certeza jurídica. ¿Usted ha percibido beneficios por las mega obras del tren maya, la refinería de Dos Bocas o el aeropuerto denominado AIFA?

DE FONDO

Con todo eso encima, no sorprende que la OCDE prevea para México un crecimiento de apenas 1.2% en 2026 y 1.7% en 2027, después de 0.7% en 2025. Nosotros estimamos un crecimiento negativo para ambos periodos.

Lo anómalo no es que México crezca poco. Lo anómalo sería que creciera mucho cargando al mismo tiempo con informalidad masiva, violencia costosa, corrupción persistente y decisiones públicas que con frecuencia estorban más de lo que corrigen.

DE FORMA

La discusión pública suele equivocarse de blanco. Se concentra en el último eslabón -el ambulante, el pequeño negocio, el trabajador sin contrato- o en el trabajador de la economía formal y deja intactas las condiciones que reproducen el problema.

Combatir la informalidad no significa declarar la guerra al que sobrevive, exige construir un entorno donde formalizarse no sea un castigo, crecer no sea una proeza y cumplir la ley no sea una desventaja competitiva.

Porque esa es la verdadera anomalía mexicana, hoy por hoy el que hace bien las cosas suele pagar más, tardar más y competir en peores condiciones. Luego llegan los diagnósticos solemnes y equivocados para preguntarse o para “difundir” por qué el país no despega. La respuesta, en realidad, no es tan misteriosa y es fácilmente explicable y comprensible, México no está condenado al bajo crecimiento, está organizado funcional y políticamente para tropezar con notable consistencia.

DEFORME

México podría crecer mucho más, el problema es que insiste en correr con medio país en la informalidad y con la otra mitad pagando la cuenta. Por su parte el gobierno omite revisar el motor, generar votos es más importante que hacer crecer la economía.

COLOFÓN: Con el incremento de precios del petróleo provocado por conflicto en Irán y presumiendo México ser un país exportador del petróleo que pertenece a todos los mexicanos, ¿bajará el precio de la gasolina?

Tags: economíafrenoMéxico
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