Published On: Sáb, Ago 1st, 2015

Masaaki Tezuka recordó al fallecido cineasta Ichikawa en la Cineteca Nacional

Masaaki

Kon Ichikawa ponía un hechizo en sus actrices. Les daba magia. Y la magia consistía en que se pegaba a las mujeres, se acercaba y cuando ellas se volteaban para decir: “No me sigas”, les murmuraba algo al oído. “Después de eso, la mujer actuaba con simpleza”, comentó Masaaki Tezuka al momento de recordar al aclamado director fallecido en 2008 durante la charla Tezuka Masaaki: Mi trabajo con Ichikawa, este jueves 30 de julio en la Sala 9, Juan Bustillo Oro de la Cineteca Nacional.

Coordinada por la Fundación Japón y la Cineteca Nacional, la conversación se ofreció en el marco de la Retrospectiva: 100 años de Kon Ichikawa. Tezuka, famoso por dirigir tres películas de Godzilla en este milenio, compartió anécdotas y bromeó acerca del estricto carácter de su mentor. También habló sobre trabajar como asistente de su maestro y sobre la realización de la cinta Las hermanas Makioka (Sasame-yuki, Japón, 1983).

Para el director, quien visita por primera vez nuestro país, parte del legado de Ichikawa proviene de esa misma película. “Las hermanas Makioka tuvo mucho éxito y la verdad es que él estaba muy feliz ante eso y también Toho [Studios]. Después de eso llegó mucha gente que quería hacer películas con protagonistas mujeres y como resultado fue trascendiendo lo que es la imagen de la mujer japonesa en el cine”, comentó.

El cineasta originario de Tochigi se refirió al temperamento de Ichikawa, el cual se traducía en serias exigencias profesionales, sobre todo en materia de iluminación y color en sus películas. Las hermanas Makioka presenta a cuatro hermanas de una familia acomodada de Osaka. Está estructurada alrededor de las cuatro estaciones y el vestuario y la luz debían simbolizar ese cambio. El perfeccionismo de Ichikawa los llevó a rehacer las escenas numerosas veces.

 “Iniciábamos siempre a las 9:00. Y bueno, para empezar a filmar a las 9:00, los staffs de luces llegaban a las 8:00. El director llegó a las 9:00, vio las luces y dijo: ‘No, esto no es lo que yo quería’, y tuvimos que volver a hacer todo otra vez”. El cineasta comentó que todos los preparativos que se habían hecho esa mañana se habían perdido: “Hay una escena en un restaurante donde entra la luz a la cabeza y nada más por esa escena tuvimos que retomar cuatro veces”.

Lo que Ichikawa quería en esa toma era que la luz entrara a través del shōji, las ventanas de papel, con un toque tenue de sakura, que son los cerezos. Si el color no era exacto, tenían que empezar de nuevo. “Lo que no le agradó ahí, más que la luz, fue el color; por eso se tuvo que retomar y retomar. A la cuarta vez, el director ya no supo qué estaba filmando”, afirmó Tezuka.

En esos casos, Tezuka lo auxiliaba para no perder la secuencia de la película. Comentó que entonces su trabajo era rehacer el storyboard para que pudieran continuar con la grabación. “El señor Ichikawa venía a consultarme y decía: ‘Tezuka, ¿ahora qué sigue?’”.

Después de muchos años de ser asistente, Masaaki Tezuka se volvió director también. “Ichikawa me enseñó muchas técnicas de cómo filmar, pero no me enseñó técnicas de cómo dirigir a los actores. Eso no me lo enseñó, pero yo, estando con él mucho tiempo, me lo robé. Y aprendí”.

Además, afirmó que comparte el gusto que el fallecido cineasta tenía por las mujeres: “Lo que más me gusta de ser director es que puedo escoger a las actrices”, bromeó.

La Retrospectiva: 100 años de Kon Ichikawa continuará hasta el domingo 2 de agosto en la Sala 9 con la proyección de cinco obras del autor japonés: Soy un gato (Wagahai wa neko de aru, 1975), La actriz (Eiga joyû, 1087), Ohan (1984), Solo en el Pacífico (Taiheiyô hitoribocchi, 1963) y Las Olimpiadas de Tokio (1965).