Published On: lun, Jul 22nd, 2019

La encrucijada municipal

La administración de Claudia Rivera Vivanco está en el ojo del huracán, y bajo sospecha de los ciudadanos.

Claudia Rivera llegó en medio de una coyuntura favorable al lopezobradorismo; la ciudad estaba saturada de una actuación morenovallista que sólo privilegió a unos cuantos y se olvidó del pueblo.

Su candidatura fue en medio de una lucha interna de poderes entre la izquierda tradicional de Puebla y los nuevos militantes o adherentes de MORENA.

Y ganó, por amplia mayoría, su triunfo fue resultado del arrastre de López Obrador y Miguel Barbosa, aunque hubo líneas no muy claras del comportamiento y la cercanía con el poder morenovallista.

En un principio, luego del triunfo, a Claudia se le acusó de haber sido cooptada por el encanto de Luis Banck, le cuestionaron el viaje a Estados Unidos, y un alejamiento de la estrategia de la presidenta de Morena, Yeidckol Polevnsky, para defender el triunfo de Barbosa, exhibiendo en todos los medios y por todas las vías el fraude de que había sido objeto.

Del otro lado, del morenovallismo, la estrategia había funcionado, levantaron el veto a Eduardo Rivera, lo dejaron buscar de nuevo la candidatura por la capital, pero no lo apoyaron, en cambio, las operaciones electorales fueron a favor, en algunos casos de Claudia Rivera quien, si bien había sido vetada en muchos medios periodísticos controlados por el cerebro de Marcelo García Almaguer, no tuvo piedras en la parte electoral. Con ello mataron a dos pájaros con una sola piedra, cedieron la capital a cambio de la gubernatura y tendieron puentes de plata que Claudia aceptó.

Después apareció uno de los personajes a quienes muchos culpan del cambio de valores de Claudia, Roberto Zataraín, a quien incluso le relacionan en un ámbito más allá del laboral. Zataraín no es nuevo en las estrategias municipales, estuvo cerca de otras administraciones en temas culturales, incluso con Tony Gali al inicio de su administración, aficionado a temas de la mente, la psicomagia y otros asuntos, fue el responsable de hacer “la limpia” del cabildo con actos mágicos.

Muchos lo culpan del deterioro de la aceptación de Rivera Vivanco.

Los primeros meses de gobierno fueron el síntoma de la deriva, de la ausencia de timón, funcionarios egresados de la academia y la buena fe, inexpertos en el sector público, sin un proyecto congruente con la realidad de la administración entrante, enfrentaron la piedra en el zapato de los empleados de base y del sindicato, y pagaron la novatada.

Los procesos de gestión municipal se vieron frenados, los empresarios se quejaron, los constructores se desesperaron, la tramitación de licencias y usos del suelo se retrasó por falta de conocimiento de los protocolos de gestión, aparecieron entonces empresas privadas, coyotes, que esperaban a los frustrados ciudadanos al salir de las dependencias para ofrecerles su ayuda a cambio de una cuota de 5 mil pesos.

Otros problemas fueron creciendo, los baches, los ambulantes, los asaltos en el transporte público, la inseguridad, la piedra de toque no sólo de Claudia Rivera, de todos los gobiernos, pero la percepción de su inexperiencia la hace más impactante.

La ausencia de un plan de cien días, de un proyecto de ciudad, de una continuidad de procesos, de un enfoque de estrategias derivadas de estudios urbanos y políticas públicas, fue evidenciándose cada día mientras sus asesores y creadores de imagen y cuentas en redes le ponían tenis, la vestían con atuendos regionales o la subían a un patín del diablo eléctrico.

La imagen y la aceptación de Claudia Rivera sufrió un notable deterioro y se convirtió, después de la llegada del gobierno interino, en un verdadero peligro en la agenda de riesgos.

La convocatoria a nuevas elecciones encendió los focos rojos. Poderosas manos con guantes de terciopelo pusieron en práctica un “blindaje” a las acciones municipales, los medios curiosamente se abstuvieron de publicar algo sobre la actividad municipal, ni a favor ni en contra, total blindaje para no aumentar el deterioro que tendría resultados negativos en las elecciones extraordinarias.

Y ni así se pudo detener la ola de votos en contra de MORENA y a favor del PAN, con lo cual se hizo un vacío, que no puede quedarse sin ser ocupado y de ahí que cada día surjan más y más controversias contra la Presidenta Municipal, que no alcaldesa, quien sigue esperando que la 4T la rescate o la reubique en el contexto de su valor dentro de la izquierda tradicional de Puebla.

Al conocerse el triunfo de Miguel Barbosa, resurgieron las críticas a Claudia Rivera por su cercanía a los grupos de Alejandro Armenta y demás enemigos de Yeidckol Polevnsky.

Y entonces vinieron las mediciones de percepción, el tema de la seguridad, las críticas de los regidores de su propio partido que encabezaron una manifestación interna por la más que obvia ausencia de capacidad, conocimiento y experiencia para enfrentar la administración de la cuarta ciudad en importancia en el país.

Asuntos de presupuesto no ejercido, viajes al extranjero inexplicables, lentitud en la gestión, trabajos de reparación de calles más para la fotografía que para beneficio de los usuarios todos, no solo los turibuses, como en el caso del Centro Histórico. O los trabajos de repintar el paso de cebra en las esquinas, con colores representativos de la ciudad donde caben todos y todas, con clarísimos fines fotográficos y de reposicionamiento de imagen, pero carentes de una planeación de estrategia urbana para frenar atropellamientos, choques, educación vial, etcétera.

Muchos periodistas han escrito sobre si Claudia se va o se queda, un asunto producto de lo que se percibe como un clarísimo alejamiento de Miguel Barbosa, lo que viene a generar un nuevo escenario donde los ciudadanos, como siempre podrían pagarán los platos rotos de los pleitos políticos.

En todas las mesas de los poblanos se discute un tema constantemente sobre si Claudia debe o no permanecer en el cargo. Y no se ve por ningún lado un interés de ella ni de su equipo por dar un golpe de timón, o sea el barco navega a la deriva.

Mientras tanto, los cerebros atrás de todo, Javier Palou y Gerardo Oviedo despachan tranquilamente en sus elegantes oficinas.

O por lo menos, así me lo parece.

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