Published On: Sáb, Ago 3rd, 2013

José Juan Tablada introdujo el haikú a la literatura hispanoamericana

José Juan Tablada (Coyoacán, México, 3 de abril, 1871-Nueva York, Estados Unidos, 2 de agosto, 1945) contribuyó de manera importante al desarrollo de la poesía mexicana e hispanoamericana al introducir en el contexto de la literatura de la región nuevas poéticas las cuales aún están vigentes. Este 2 de agosto se cumple el 68 aniversario luctuoso del escritor. 

José Juan Tablada es considerado como una de las principales figuras del modernismo mexicano. Colaboró en numerosas publicaciones periódicas como El Universal, El Mundo Ilustrado y El Imparcial, así como en medios de Caracas, Venezuela, Bogotá, Colombia y La Habana, Cuba.
Estudió en Colegio Militar en el Castillo de Chapultepec, en la Escuela Nacional Preparatoria, donde aprendió pintura. Trabajó en los ferrocarriles. En 1890, a los 19 años, comenzó a colaborar en El Universal periódico en el que aparecieron poemas y crónicas dominicales en la sección llamada Rostros y máscaras.
En 1894 apareció en la Revista Azul el poema Ónix que marcó el inicio de su carrera profesional como un autor prestigioso. El florilegio fue su primer libro de poemas, publicado en 1899. En sus años de juventud se asumió como parte del movimiento Modernista, trinchera desde la cual defendió esta corriente a través de artículos publicados en la Revista Moderna, esto entre los años de 1889 y 1911.
Los restos de José Juan Tablada se encuentran actualmente en la Rotonda de las Personas Ilustres. En las primeras décadas del siglo XX desarrolló una intensa actividad política, en la cual incluso ocupó algunos puestos diplomáticos en Japón, Francia, Ecuador, Colombia y Estados Unidos.
Durante su estancia en Japón en el año de 1900 mostró interés por el ejemplo naturalista de los nipones cuya estética consideró le permitía una interpretación plástica de la naturaleza. De ahí que a su regreso a México comenzará a adaptar al español la estructura poética conocida como haikú.
Rodolfo Mata, quien desarrolla su trabajo en el Centro de Estudios Literarios del Instituto de Investigaciones Filológicas, comentó en entrevista que el diálogo que Juan José Tablada tuvo con las artes plásticas fue muy intenso, pues él quería ser pintor e incluso llegó a tomar clases con Antonio Fabrés, esto en el año de 1904, quien fue maestro en la Academia de Bellas Artes de Diego Rivera, Saturnino Herrán, Roberto Montenegro y Francisco Goytia.
«Nunca se dedicó profesionalmente a la pintura, pero algunas acuarelas suyas, muy bien logradas, se encuentran en el archivo que se resguarda en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. En la edición original de Un día… cada poema aparece acompañado por un dibujo que él mismo hizo. De hecho, las investigaciones que he realizado indican que en algunas ocasiones primero hacía el dibujo y luego escribía el poema, aunque en otras siguió un camino inverso. En esto de pintar y escribir poemas de manera simultánea y dialógica siguió de manera ejemplar la tradición del haikú japonés.
«Tablada también fue crítico de arte y escribió artículos importantísimos e inaugurales sobre pintores como José Clemente Orozco, Diego Rivera y Roberto Montenegro. Además apoyó la carrera de pintores-caricaturistas como Miguel Covarrubias y Jorge Enciso. Su Historia del arte en México (1927) es uno de los primeros recuentos de este tipo. La relación entre poesía e imagen puede ser bien apreciada en el CD-ROM José Juan Tablada: letra e imagen (2003) o en la página www.tablada.unam.mx, trabajos que realicé para el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM».
Rodolfo Mata agregó que Tablada también incursionó en el decadentismo baudelaireano con su poema lúbrico y satánico Misa negra hizo escándalo en la sociedad porfiriana. Fue coleccionista de arte prehispánico, de grabados antiguos, de ukiyoe japonés (www.tablada.unam.mx) y arte oriental en general.
«El japonismo de Tablada es todo un tema que se concretizó no sólo en los haikús sino en dos libros de prosa: Hiroshigué: el pintor de la nieve y de la lluvia, de la noche y de la luna (1914), biografía lírica al estilo hermanos Goncourt, y En el país del sol (1919), serie de crónicas, algunas correspondientes a su viaje al Japón en 1900. Con La feria. Poemas mexicanos (1928), su último libro orgánico, con el que José Juan Tablada participó en la promoción del entonces emergente nacionalismo revolucionario, otra vena importante.
«Hay también un libro de acuarelas suyas de hongos comestibles y comentarios sobre ellos, pues además de gourmet era naturalista: llegó a dibujar muchos insectos y otros animales. También Tablada tuvo un credo esotérico y espiritualista. Fue amigo del arquitecto Claude Bragdon, promotor de una estética espiritualista relacionada con doctrinas de este corte que hablaban de la cuarta dimensión, haciendo préstamos de las noticias científicas en boga en los años veinte, como la Teoría de la Relatividad de Einstein. Este tema lo desarrollo en un capítulo del libro Las vanguardias literarias latinoamericanas y la ciencia (2003). En ese sentido fue un vanguardista singular».
Su militancia política lo hizo tomar una postura contraria a Francisco I. Madero. Colaboró para el gobierno de Victoriano Huerta y tras su caída en 1914, se trasladó a Nueva York. En 1935 regresó a México y vivió en Cuernavaca. En 1941 fue nombrado miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua para ocupar el sillón VIII. A mediados de 1945 regresó a Nueva York, como vicecónsul. Murió el 2 de agosto del mismo año.
Acerca de este tema, Rodolfo Mata señaló que José Juan Tablada vivió en el México afrancesado del porfiriato, en el que supo muy bien abrirse camino. Se casó en primeras nupcias con una sobrina de Justo Sierra, fue comerciante de vinos y se construyó una linda casa en Coyoacán (que hoy es sede de la escuela de escritores de la Sociedad General de Escritores de México).
«A través de su trabajo como colaborador en diferentes periódicos, podemos ver que fue un cronista excepcional. Tuvo el desatino de apoyar la campaña contra Francisco I. Madero y colaborar en el gobierno golpista de Victoriano Huerta a través de su texto Madero-Chantecler. Tragicomedia zoológico-política (1910), y el poema largo La defensa social. Historia de la campaña de la División del Norte (1913), dedicado a Huerta. Esto lo obligó a exiliarse.
Después hizo las paces con Venustiano Carranza y logró que lo nombraran parte del cuerpo diplomático en Colombia y Venezuela, donde compuso sus libros de haikús y caligramas.
«José Juan Tablada trabajó mucho para lograr una posición en la sociedad porfiriana y es lógico que quisiera mantener el régimen que lo favorecía. No tuvo esa percepción política y a veces se lo juzga por ello. Pero ¿qué tienen que ver los haikús, su japonismo, su crítica de arte o el poema Misa negra con su postura política? Pues que queda como uno de los numerosos los ejemplos de los errores ideológicos que cometen algunos artistas. Por otra parte, se olvida su labor como promotor del amor budista hacia los animales, sus elogios a Miguel Ángel de Quevedo (el ‘apóstol del árbol’), su apoyo a la expropiación petrolera, su denuncia de Wall Street, J. P. Morgan y la especulación financiera. Me parece injusto enjuiciarlo por eso».
En otro sentido, cabe destacar que el tema principal de referencia en la obra poética de Juan José Tablada no es su japonismo, comentó Rodolfo Mata en la conversación con Conaculta. «Podría decirse lo mismo de su cultura francesa y con más fuerza. El autor, como buen porfiriano, hablaba perfecto francés e incluso escribió varios poemas en esa lengua. Tradujo a poetas como Baudelaire, Jean Richepin, Jean Lahor, o Pierre Louÿs. Toda su poesía es deudora del modernismo rubendariano, pero en su fase oscura, simbolista, esotérica es importantísima. Tiene un valor musical e imagético (mayor competencia en el entendimiento de un tema) notable, pero debe ser leída en su contexto: poesía con metro y rima, formas fijas.
«Justo de ese afrancesamiento surge su japonismo, pues surge principalmente de leer a los hermanos Goncourt. Hace falta una apreciación profunda de esta formación afrancesada. Sin duda el principal vínculo con el lector actual son los haikús, incluso porque tienen un valor didáctico ante un público infantil. Pero hay que leer estos haikús teniendo presente su amplia cultura visual. Podríamos decir que esas joyas de imagen, que son los haikús, también pueden encontrarse en poemas más largos, fuera de la forma breve».
Rodolfo Mata menciona como ejemplo el poema El ídolo en el atrio, que comienza: «Una Piedra del Sol / Sobre el cielo de la mañana / Asoma en lo alto / El ancho rostro de basalto / A la orilla de un charco de obsidiana / Y parece que su boca vierte / Un reguero de sangre humana / Y zempazúchiles de muerte…», que pertenece a La feria, libro en el que dialoga con López Velarde, pero con imágenes poderosas.
Respecto a los haikús, lo que hizo José Juan Tablada fue que «aclimató» este tipo de versos, les dio el brillo del trópico, lo mexicanizó, incluyó en el sandías, guanábanas, pericos, jaguares, y coyotes. También lo volvió narrativo. De ahí que, paralela a los subtítulos de libro Poemas sintéticos y Disociaciones líricas, en El jarro de flores hay una sección titulada Dramas mínimos. Un ejemplo ahí es Heroísmo: «Triunfaste al fin perrillo fiel / Y ahuyentado por tu ladrido / Huye veloz el tren…»
Mientras que Rodolfo Mata consideró también que «la tecnología a sido una herramienta fundamental para la difusión de la obra tabladiana, especialmente porque internet hace circular imágenes con facilidad. En breve ofreceremos la poesía completa para lectores internautas, en una ampliación de la sección «José Juan Tablada en Poesía Densa» (www.tablada.unam.mx), trabajo que realicé en colaboración con Diego Bonilla.
«El proyecto de difusión parte de la página www.tablada.unam.mx. También en él están las ediciones facsimilares realizadas por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) de Un día…, El jarro de flores y La feria, amén de una edición de Li-po y otros poemas en la desaparecida colección de artes plásticas Círculo de Arte, también del Consejo. Desde luego, la antología De Coyoacán a la Quinta Avenida cumple ese papel difusor de una manera integral pues muestra facetas de José Juan Tablada, como su ejercicio de la crónica, la prosa de ficción, las memorias, la crítica y reseña de arte y la sátira política, que no son conocidas por el público general que lo considera más como poeta exclusivamente».
José Juan Tablada, su haikú y su japonismo
La investigadora japonesa Seiko Ota realizó una investigación acerca de la relación de la obra poética de José Juan Tablada y el haikú, la cual será presentada antes de concluir este año en México, a través de una edición hecha por el Fondo de Cultura Económica.
El texto aparece dentro de la Colección Lengua y Estudios Literarios, bajo el título de José Juan Tablada, su haikú y su japonismo. La obra destaca cómo la figura del poeta y escritor sigue renovándose permanentemente en el interés de los especialistas, no sólo en México sino también en Japón. Lo interesante del fenómeno es que ambas perspectivas se complementan, lo cual enriquece la lectura de este autor.
Lo que hace Seiko Ota en su libro es analizar los orígenes de las traducciones del japonés que realizó José Juan Tablada y que apuntan a descifrar de una vez si llegó en verdad a Japón en aquel viaje del año 1900.
La figura del poeta y escritor José Juan Tablada sigue renovándose permanentemente en el interés de los especialistas, no sólo en México sino también en Japón. Lo interesante del fenómeno es que ambas perspectivas —la mexicana y la japonesa— se complementan, lo cual enriquece la lectura de este autor, como bien anota Seiko Ota en estas páginas que analizan los orígenes de las traducciones del japonés que realizara el poeta y que apuntan a descifrar de una vez si Tablada llegó en verdad a Japón en aquel viaje que realizó en el año de 1900.
Se trata entonces de un ensayo analítico y comparativo de los textos que escribió inspirados en la literatura nipona, al tiempo de examinar la biografía del autor, analizar las fuentes y los orígenes de su inspiración, intentando dilucidar, desde la perspectiva de México y de Japón, así como de la influencia que sus escritos tuvieron en la poesía hispanoamericana.
Seiko Ota nació en Nara, Japón y curso estudios de licenciatura en la Universidad de Tenri y en la Universidad de Yucatán en Mérida. Posteriormente estudió en la Universidad Veracruzana donde fue alumna de Esther Hernández Palacios, quien le contagió su interés por José Juan Tablada.
Realizó sus estudios en la Universidad de Estudios Extranjeros en Kioto y su doctorado, con una tesis sobre Tablada, en la Universidad de Arte y Diseño de Kioto. Actualmente es profesora en la misma institución donde se doctoró.