Published On: Vie, Jul 10th, 2015

Cine y familia mexicana, temas de reflexión en la Cineteca Nacional

image001

El cine como reflejo de la sociedad permite comprender las transformaciones de ésta, en especial las cambiantes concepciones de un núcleo social fundamental: la familia, así lo aseguró Carmen Elisa Gómez Gómez durante su ponencia La familia en el cine mexicano, la cual ofreció este 8 de julio en la Sala 4, Arcady Boytler de la Cineteca Nacional.

En su ponencia, que forma parte del Ciclo Miradas al cine mexicano, organizado en colaboración con la Academia Mexicana de la Historia, la investigadora presentó un breve estudio de las diferentes y cambiantes formas como se ha retratado a la familia en el cine nacional, partiendo de un análisis de elementos económicos e ideológicos.

A manera de recorrido histórico, Carmen Elisa Gómez presentó el caso de distintos largometrajes mexicanos que utilizaron a la familia como tema central y que reflejan atinadamente la evolución de la economía y la ideología nacionales.

Al referirse a la década de los treinta, cuando se retrataban familias tradicionalistas, puso como ejemplo el filme La Zandunga (Fernando de Fuentes, 1937), drama romántico que describe las dificultades después de la Revolución Mexicana.

En general, aseguró la investigadora, durante la década de los treinta y los cuarenta “surgen cintas en las que se muestran familias que comprenden esquemas de lo que ‘deberían ser los padres y los hijos’, y que tienen por temas principales la obediencia a los padres, el respeto por el orden patriarcal y el apego por las instituciones sociales, como el matrimonio”.

Mencionó como ejemplos: Cuando los hijos se van (Juan Bustillo de Oro, 1941), Nosotros los pobres (Ismael Rodríguez, 1947) y Una familia de tantas (Alejandro Galindo, 1948).

Fue hasta los años cincuenta cuando en el cine nacional comienzan a presentarse las fisuras del modelo tradicional de la familia. Los olvidados (Luis Buñuel, 1950) es el mejor ejemplo de cómo la cinematografía se atrevió a señalar que en México la situación económica, social y, por supuesto, familiar, no era la que tanto se había idealizado.

De acuerdo con la investigadora, para los años sesenta las películas que abordaban a la familia reflejaron el enfrentamiento de la sociedad mexicana con la modernización del país: “Una creciente americanización de la cultura mexicana centró las preocupaciones sociales en los jóvenes. La gente veía en los jóvenes a los responsables de la pérdida de valores y de la moral tradicional de las familias”.

Para los años setenta un tema que se hace evidente en nuestra cinematografía es el inicio del declive económico que desde entonces dominó al país. La familia comenzó a ser representada como un reflejo de los conflictos que acarreaba la crisis generada en el sexenio de Miguel de la Madrid.

De acuerdo con la investigadora, los mejores ejemplos de este trance nacional son las obras de Arturo Ripstein: El castillo de la pureza y El lugar sin límites (1977), cintas que trastocan totalmente los papeles tradicionales de la familia y las moralejas de la Época de oro.

En los primeros años del siglo XXI era evidente que el cine ya no tenía problema con mostrar las distintas y duras realidades de las familias mexicanas. “Desde familias fragmentadas hasta los estragos más radicales del neoliberalismo que impera en México, los directores mexicanos han entregado un sinnúmero de obras sobre un decadencia en el papel de la familia en nuestra sociedad”, compartió la investigadora.

Citó en este periodo cintas como De la calle (Gerardo Tort, 2001), Amores perros (Alejandro González Iñárritu, 2000), Crónica de un desayuno (Benjamín Cann, 2000) y Temporada de patos (Fernando Eimbcke, 2004).

Para complementar sus observaciones, la especialista presentó la proyección de un clásico del cine mexicano que ilustra las concepciones de los años cuarenta respecto a la familia: Cuando los hijos se van (1941), obra del director Juan Bustillo de Oro y que define como “una obra paradigmática sobre una típica familia extensa de la época que no sólo establece los arquetipos de los hijos buenos y los malos. También enseña que, por sobre todas las cosas, para funcionar bien en la sociedad mexicana había que obedecer a los padres”.

Para continuar con el Ciclo sobre Miradas al cine mexicano, que invita al público a reflexionar sobre una variedad de tópicos relacionados con el séptimo arte nacional, la siguiente conferencia será Música y añoranza porfiriana en el cine mexicano, impartida por Jacqueline Ávila, el próximo miércoles 14 de julio.