Huauchinango, PUE. El programa «La Herencia: sangre charra, orgullo nacional» que se venía transmitiendo sábado a sábado a las 11 de la mañana a través del 98.9 de Sicom Radio Huauchinango y que era conducido por Francisco Gómez y Heriberto Hernández, llegó a su emisión final el pasado 16 de julio
¿La razón? la explicaron grosso modo los participantes: el director general de Sicom radio en Puebla, Arturo Fernández Jasso, ordenó desde la capital del estado la salida de Heriberto. Y la gerente local, Esperanza Mendoza acató la instrucción y la hizo saber a los integrantes del programa.
«La Herencia», un programa que duró apenas seis emisiones y que iniciara el pasado 7 de mayo, podría continuar, se les dijo, pero sin la intervención de Heriberto.
La respuesta del equipo fue clara y solidaria: o todos o ninguno, «como el trabajo que se hace en una charreada, como la coordinación que debe existir en una escaramuza», comentaron al aire.
Y así, en un escueto espacio de unos 15 minutos, el programa se despidió de los micrófonos del 98.9 de FM. Las dos últimas frases que se escucharon al aire dentro de «La Herencia» fueron: «¡Repudiamos la censura y la intolerancia!», para que al instante, la música apareciera de manera repentina y con ella la aparente calma.
El asunto no es gratuito. Más que «incomodar» a algún político, el reportero Heriberto Hernández, estuvo y ha estado publicando los abusos y excesos del clan Amador en su ejercicio tan folclórico de la política (situación que es plenamente conocida por no pocos huauchinanguenses), tanto en el poder como en plena campaña. Y ahora que la familia se «acomodó» no podemos dudar que la censura también tiene forma de desquite.
Y es que, como claro antecedente, meses atrás el propio Heriberto fue cesado de dar noticias a través de la difusora local XENG 870 AM. justo cuando no convenía una voz crítica en plena elección de Omar Martínez Amador. Y aquella censura, también tiene nombre y apellido.
La Herencia, un programa de contenido charro y con un perfil netamente cultural y costumbrista, en nada afecta o podría afectar a las «políticas de comunicación del gobierno del estado». Pues aunque se hubieran publicado señalamientos al propio Moreno Valle, ¿no es la libre expresión, el debate y los cuestionamientos, elementos básicos de una discusión en un Estado democrático? ¿Tendremos que esperar más actos de censura en medios oficiales o independientes sólo porque existen reporteros que «publican» declaraciones que no favorecen, y por lo tanto, no gustan a los políticos?
Habrá que estar pendientes de las formas en que sigan dando resultados dichas «políticas de Estado». Por lo pronto, aquí ya se sentó un precedente.









