El comportamiento de la economía mexicana confirma lo que CONCAMIN anticipó desde mayo pasado: que la desaceleración de la planta productiva nacional no es un fenómeno nuevo. La revisión de las estadísticas indica que los primeros signos aparecieron en la segunda mitad de 2012 y se intensificaron a partir del primer trimestre del presente año.
Nuestra Confederación ya lo había señalado. En mayo pasado, ofrecimos un diagnóstico al respecto y presentamos a la opinión pública siete propuestas específicas para contener la desaceleración e inducir una recuperación ordenada de la planta productiva nacional.
Ahora que algunos analistas y representantes gremiales ofrecen soluciones al problema económico, conviene recordar lo que en su momento presentamos a los medios de comunicación y la opinión pública, pues el diagnóstico sigue siendo vigente y las propuestas siguen ahí como una opción razonable, consistente y eficaz para responder al difícil escenario económico que enfrentamos.
En el mes de mayo informamos que la reactivación del mercado interno, de la economía, de la inversión, de la producción fabril y el empleo requería la instrumentación una estrategia que concentrara el esfuerzo gubernamental en torno a siete instrumentos de política económica, siendo estos:
Primero: Adelantar la ejecución de los proyectos de obra pública e inversión en infraestructura previstos
Segundo: Evitar los subejercicios en la aplicación del gasto público
Tercero: Asegurar la aplicación íntegra de las reservas pactadas en los distintos tratados a favor de los productores nacionales y exigir contenidos nacionales de carácter obligatorio en determinados proyectos
Cuarto: consolidar el sistema de información para que todas las dependencias del Gobierno Federal registren e informen el estado que guardan sus procesos de compras y pagos vía electrónica, para ofrecer a sus proveedores información actualizada y confiable.
Quinto: Establecer como requisito indispensable en todo proceso de compra de bienes, servicios y obras públicas, el estricto cumplimiento de las Normas Mexicanas
Sexto: Que la banca de desarrollo encabece una Cruzada Nacional a favor de las Pymes, ofreciendo apoyos extraordinarios a los proveedores actuales y potenciales del sector público.
Séptimo: Emprender una estrategia de combate frontal y en todo el territorio nacional contra la informalidad, principal promotora de la competencia desleal
Estamos en la recta final del tercer trimestre del año. Las autoridades se encuentran elaborando los Presupuestos de Egresos e Ingresos de la Federación, correspondientes a 2014, que someterán a la consideración de los legisladores para su análisis, ajustes y aprobación.
Este es un buen momento para definir una estrategia de gasto congruente con las necesidades de la economía mexicana y con el propósito de fortalecer al mercado interno, sin incurrir en políticas expansivas que comprometan la estabilidad macroeconómica.
De acuerdo con el reporte Global de Competitividad del Foro Económico Mundial publicado el día de ayer, México descendió dos posiciones en el ranking internacional en la materia, al ubicarse en el lugar 55 de un total de 148 economías. Reactivación y competitividad son temas que no podemos ni debemos aplazar.
La aprobación de leyes secundarias en materia educativa y financiera, así como la discusión y aprobación de las reformas Energética y Hacendaria, son vitales para fortalecer al mercado interno, dar solidez a la economía mexicana y apuntalar nuestra competitividad en el entorno internacional.
Las reformas estructurales no son un fin en sí mismo, sino el medio para afrontar parte de nuestros desafíos económicos y dotar al país de bases renovadas para el crecimiento incluyente y sostenido que necesitamos. Sin ellas difícilmente lograremos modernizar al sector energético, fortalecer las finanzas públicas, impulsar la inversión y elevar la productividad, aspectos cruciales para la competitividad y el crecimiento de México. Posponerlas una vez más retrasaría innecesariamente el avance del país.
Actuemos oportuna y eficazmente para impulsar el crecimiento ordenado de la actividad económica; apartémonos de la inercia y aprovechemos íntegramente nuestros recursos a favor del fortalecimiento de la economía y el mercado laboral.









